Costarricenses defienden valor de la vida y la familia

Este domingo 3 de diciembre, el Paseo Colón en San José se pintó de blanco, ante la presencia multidinaria de creyentes que defienden la vida y la familia con una propuesta pacífica y por tanto respetuosa; así, los fieles de nuestra diócesis no fueron la excepción de esta extraordinaria celebración, que dejó claro a los políticos de turno y a quienes se proponen como posibles futuros mandatarios, que las enseñanzas de Jesús son creídas y respetadas por la mayoría de nuestro país.

Minutos antes de las 9:00 am, delegaciones de todo el país empezaron a inundar las principales avenidas de nuestra capital, valientes costarricenses venidos de cerca y otros que cargaban ya el desgaste de horas de viaje, se hacían presentes que una sonrisa de esperanza al ser conscientes de los principios que con heroísmo defendían al manifestar públicamente sus más grandes convicciones.

Con tarimas de animación en tres puntos estratégicos y las móviles de las emisoras católicas que conforman la Red Nacional de Medios Católicos se fue animando el paso seguro y firme que niños, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayor, fueron ofreciendo hacia el final del Paseo Colón donde el mismo Jesús Eucaristía se haría presente; y es que este evento, congregó a obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que ponían ante los pies del Dueño de la Vida sus más sinceros principios en favor de la humanidad.

Durante la Eucarística en la cual estuvo la Conferencia Episcopal en pleno, Mons. Ángel San Casimiro Fernández obispo de Alajuela en su homilía señaló: “hoy es un gran día para la democracia costarricense, porque, al igual que otros grupos, organizaciones y movimientos, un sector grande de la población del país desea expresar sus ideas sobre temas centrales en la vida de una nación… también los que profesamos la fe cristiana, tenemos una concepción del ser humano y de la sociedad, desde la que concebimos un modelo de sociedad basada en el amor, la justicia, la solidaridad, el bien común y el respeto y ejercicio de los derechos humanos”.

“Hay dos temas fundamentales en la concepción de la sociedad que proponemos al pueblo del que somos parte. Uno es el respeto y protección de la vida humana en todas sus etapas y dimensiones. El otro es la familia, que es el ámbito más adecuado para la vivencia del amor humano, célula del tejido social, que debemos proteger, promover y desarrollar para que este se mantenga sano y vigoroso”, precisó el prelado español.

En cuanto al primer tema, Mons. San Casimiro, indicó: “hacemos nuestras las palabras del papa Francisco: entre las personas más débiles, más vulnerables que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo”. En torno al segundo tema, “la familia es un santuario de la vida, el lugar donde la vida es engendrada y cuidada (AL 78)”, recordó el obispo Ángel.

De frente al reciente tema de educación sexual en los centros educativos, el obispo de la Diócesis de Alajuela precisó que “el Estado ofrece un servicio educativo de manera subsidiaria, acompañando la función indelegable de los padres, que tienen derecho a poder elegir con libertad el tipo de educación —accesible y de calidad— que quieran dar a sus hijos según sus convicciones. La escuela no sustituye a los padres sino que los complementa”.

“La Iglesia está decididamente a favor de educar en este campo. Que tenga discrepancias de fondo con algunos enfoques relacionados con lo que se suele llamar “género”, como recientemente lo hemos expresado en un comunicado los obispos, no significa, como sostienen algunas personas no bien informadas, que se oponga al acompañamiento educativo de los niños y los adolescentes en su desarrollo sexual y afectivo… Con frecuencia la educación sexual se concentra en la invitación a cuidarse, procurando un sexo seguro. Esta expresión transmite una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse. Así se promueve la agresividad narcisista en lugar de la acogida”, enfatizó Mons. Ángel San Casimiro.

También, tuvo la homilía una sentida palabra hacia las familias, donde con gran espíritu de humanidad y amor el obispo de Alajuela hizo volver la mirada a la realidad de nuestras familias costarricenses; por su trascendencia y valor, me permito compartirles en su totalidad su exposición: “si bien es cierto la Iglesia propone un modelo de familia, que nace del amor conyugal, en el que crecen los hijos sanamente, en condiciones materiales, ambientales, de salud y emocionales que favorecen su desarrollo humano, conoce también con amor materno que muchas familias viven situaciones que las afectan dolorosamente. Así, la desintegración del hogar que llega a sus puntos de máximo sufrimiento cuando la relación de los padres se rompe totalmente; la ausencia del padre o de la madre; las múltiples formas de violencia al interior de los hogares; las dificultades de la educación acertada de los hijos y de las relaciones intergeneracionales; la exclusión escolar de niños y adolescentes, que constituye un obstáculo para su superación y desarrollo pleno; la experiencia destructiva del alcoholismo y otras adicciones en el hogar; la pobreza y la extrema pobreza; el desempleo, el subempleo y el empleo informal; la carencia de una vivienda de calidad; la falta de solidaridad de la sociedad para afrontar la presencia de discapacidades en miembros de la familia; la imposibilidad de atender dignamente a las personas adultas mayores del hogar; la presencia de trastornos mentales al interior del núcleo familiar, sin un acceso al soporte profesional en salud mental; la maternidad de niñas y adolescentes, que deben afrontar el proceso de su propio proceso de maduración y el de sus hijos, muchas veces sin los apoyos necesarios y con las secuelas graves de la experiencia de la violación; el dolor de las familias separadas por la necesidad de migrar, unas desde nuestra patria hacia el exterior, y otras desde fuera hacia nuestra tierra; la privación de libertad de algún miembro de la familia; la discriminación de miembros de la familia por razones étnicas, religiosas, políticas, de orientación sexual y de otros tipos. También asumimos el dolor de las personas que, como decía el papa san Juan Pablo II, están privadas de familia (FC 85), y que viven solas en sus casas, o en instituciones o que son habitantes de la calle. La Iglesia lleva en sus entrañas estos sufrimientos. Lo sabe nuestro pueblo, miles de cuyos miembros encuentran cobijo, soporte, consuelo, luz, acompañamiento y misericordia en sus comunidades parroquiales, movimientos apostólicos, comunidades religiosas y asociaciones de bien social de inspiración católica. Pero nos falta mucho más esfuerzo, y deseamos que esta caminata y eucaristía por la familia sea, ante todo, un momento para adquirir mayor compromiso con las familias heridas por las situaciones mencionadas y otras más. Es momento oportuno, además, para llamar a nuestros gobernantes y a quienes aspiran a serlo, para desarrollar políticas integrales para la protección, promoción y desarrollo integral de las familias. No hay tarea más apremiante para el presente y el futuro de la familia”, concluyó.

Por su parte, Mons. Montero obispo de San Isidro en entrevista exclusiva para Radio Sinaí 10.9 FM, dijo estar “realmente muy contento, muy impresionado por esta gran manifestación y yo creo que es una manifestación de fe, no es política, ni es social, ni es cultural y deportiva, es una gran manifestación de fe, a mí me parece que hay una respuesta muy buena de parte del pueblo costarricense; y lo que más me hace pensar no es la gente que vino sino todos los que están detrás y hubieran querido venir y no han podido, muchísima gente pero muchísima gente que no puede pagar un bus, que no puede venir acá, pero estoy seguro que estos no son más que una representación pequeña de esta inmensa cantidad de católicos y cristianos costarricenses que hubieran querido estar aquí; me parece que dimos un mensaje bastante claro sobre lo que queremos defender y esperamos sólo bendiciones”.

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