Hermanas contemplativas celebran su santa patrona

Durante la mañana de este 11 de agosto en que se celebra a Santa Clara de Asís, las Hermanas Clarisas presentes en nuestra diócesis celebraron a su santa patrona y compartieron la Eucaristía en un verdadero contexto de alegría en el Señor y con los hermanos.

Con el escenario del monasterio ubicado en las alturas de Morazán, bordeados por la naturaleza propia de la zona y la dignísima capilla preparada con gran gusto para la celebración, se albergó a gran cantidad de fieles, laicos y clérigos que acompañaron a las religiosas contemplativas que desde ahí santifican con su oración al mundo; cabe destacar, que la celebración contó con la presencia de dos obispos, Mons. Guillermo Loría Garita obispo emérito de San Isidro y Mons. Hugo Barrantes Ureña arzobispo emérito de San José.

La homilía desarrollada por Fray Benigno Varela, sacerdote capuchino y guardián del Convento San Francisco en Cartago, versó en el gran reto de “recobrar y redescubrir una vez más nuestra vocación cristiana, llamados a vivir en pertenencia, en relación y complicidad con Dios, llamados a vivir el amor de Cristo Jesús”, recordó.

El reconocido franciscano, insistió que “nos hemos reunido con alegría para celebrar la vocación de Clara y para celebrar la vocación de cada una de estas hermanas que nos recuerdan una y otra vez a Clara, y que nos recuerdan qué es lo esencial y fundamental en la vida: el encuentro con el Amado y la experiencia viva y profunda del amor de Dios…”.

Indicó que la vida de las religiosas contemplativas nos llama “a vivir una vida en comunión con Dios y con el prójimo, en pobreza y simplicidad, en pequeñez, abandonados en la providencia de Dios”. Por tanto, quiso desarrollar este mensaje por medio de tres imágenes a partir de las lecturas proclamadas: el enamorado, la vasija y la vid.

Primero, el profeta “nos habla de un enamorado, el Dios eternamente enamorado, enamorado de su creatura a quien ya no trata como creatura sino como hija, pero más aún como alguien con quien hacer alianza, alguien a quien plenificar y a quien darse todo Él, no reservándose nada para si”, recordó el fraile.

Por su parte, San Pablo usa “la imagen nuestra, la vasija de barro que contiene tesoros, habla de la fragilidad, lo vulnerable y pequeño, cuya grandeza no está en el barro sino en el tesoro que lleva por dentro, Cristo, su fuerza, su gracia, su misericordia, su luz”, señaló.

“La tercera imagen es la de la vid, el tronco y los sarmientos, y entre el tronco y las ramas hay una complicidad, las ramas por sí mismas no pueden dar fruto, hay un pacto profundo, una continuidad y prolongación”, afirmó Fray Benigno.

Con estas imágenes, el guardián del convento afirmó: “sirvan estas tres imágenes para entender y comprender qué sucedió en la vida de Clara, la enamorada de Dios, la vasija frágil y vulnerable que atesoró en su corazón un tesoro de luz, al que ella amó profundamente, y acogió vaciándose de sí y dejándose habitar, se despejó para acoger…, esa complicidad de Clara y el Amado, esa prolongación del Amado en ella; es decir, la sabia divina fluyendo atreves de su vida y sus acciones en la experiencia diaria de las hermanas, una vida oculta en Cristo”.

Por eso, “al contemplar esta hija de la Iglesia, somos invitamos a mirar nuestras propias vidas, nuestro hoy, a fin de que también en nosotros podamos ensanchar el corazón, la mente, y la vida a este Dios enamorado que nos quiere plenificar y que quiere vivir en complicidad con nosotros; por eso, nos invita una y otra vez permanezcan en mi amor, en el amor de Dios que es fiel, permanecer es pertenecer, quien permanece pertenece y permanecer es fidelidad, es prolongar, es hacer presente los gestos y las acciones de Cristo en nuestro hoy, desde nuestro barro y fragilidad”, señaló con pausada voz y convencido tono el fraile Benigno.

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