Homilía de Mons. Montero en Misa Crismal 2016

        Pronunciada por: Mons. Gabriel Enrique Montero Umaña

         

        Hermanos y hermanas.

        Decía yo, al inicio de esta santa misa, qué bello y maravilloso contemplar esta constitución tan rica, abundante y variada del Pueblo Santo de Dios, qué bueno que por lo menos una vez al año, tal vez esta no sea la única, pero esta es una de las mejores ocasiones donde tenemos oportunidad de reunirnos todos como Pueblo Santo de Dios, con algunos representantes de comunidades cercanas y parroquias.

        Que importante tomar conciencia que somos ese Pueblo de Dios que peregrina hoy en el mundo, ese Pueblo Santo de Dios que peregrina en la historia, y sobre todo, que somos sin ningún mérito nuestro, porque así lo dicen las lecturas de hoy, un pueblo santo, un pueblo sacerdotal, un pueblo de reyes…, sin ningún mérito nuestro, nosotros somos simples seres humanos, débiles, pequeños, pecadores; sin embargo, el Señor se digna decirnos, ustedes son mi pueblo, son un pueblo santo, son un pueblo de reyes, un pueblo de sacerdotes. Podríamos pensar, está hablando solo de los sacerdotes ordenados o sólo de los obispos, o de los diáconos; pero no, está hablando de todo el Pueblo Santo de Dios.

        Es importante tomar conciencia de ésta, nuestra condición de pueblo, en un mundo y una sociedad que está perdiendo el sentido de identidad, aún las más grandes instituciones de la sociedad están perdiendo su identidad propia, en buena parte a la Iglesia Católica nos hace falta mucho pero mucho, para llegar a ser y darnos cuenta del pueblo que Dios quiere; pero estamos caminando hacia allá, estamos ganando conciencia, estamos recobrando nuestra propia identidad, de la cual debemos sentirnos orgullosos e identificados, y ha de llegar a ser parte de nuestra condición de cristianos católicos.

        Esta sociedad está diluyendo y destruyendo todo, las mismas familias, muchas de ellas han perdido identidad; los pueblos, las culturas, las instituciones, el gobierno… muchos de ellos pierden por completo su identidad. La Iglesia Católica no, la Iglesia la mantiene, lástima que no la infundamos más en los que formamos parte de ese pueblo, lástima que muchos de nosotros no conozcamos cuán grande es esa dignidad de ser cristianos y de ser católicos, que no tenemos que confundirnos con ninguna dignidad personal o mérito, es todo gracia de Dios, es todo misericordia divina, pero somos ese pueblo que peregrina en el mundo, en el nombre del mismo Jesucristo, siguiendo a Aquél que es nuestro Pastor.

        Hermanos y hermanas, hay tres características extraordinarias que tiene este Pueblo Santo de Dios: es un pueblo sacerdotal, profético y real, y esas tres características tenemos que mantenerlas a toda costa, y tenemos que defenderlas también porque en el pasado algunas de ellas se han querido ocultar. Por ejemplo, si se hablaba de un pueblo sacerdotal se pensaba siempre en el sacerdocio ministerial, se alababa y se glorificaba por los cielos el sacerdocio ministerial, claro que es una cosa maravillosa digna de agradecérsela al Señor toda una vida, los sacerdotes tienen una misión importantísima en este pueblo, es más, no existiría este pueblo sin el sacerdocio ministerial, pero no podemos reducirlo a ellos, no podemos reducirlo a los obispos, ni siquiera a los religiosos, sino que cada persona, cada bautizado es un consagrado que ha sido entregado al Señor para ser parte de él, miembro vivo de su pueblo; todos nosotros somos parte de ese pueblo que tiene el ministerio del sacerdocio común, otros tenemos el sacerdocio ministerial, pero ustedes tienen y orgullosamente tienen el sacerdocio común, todos un pueblo sacerdotal.

        Un pueblo profético, no lo decíamos bastante, esto estaba como oculto, no se le recordaba al pueblo ser un pueblo profético, ni nosotros los sacerdotes hemos enfatizado ese aspecto suficientemente, porque nos conformábamos con ser sacerdotes y a veces queríamos ser más reyes que otra cosa, príncipes como pasaba con los cardenales y obispos, queríamos ser más reyes que otra cosa. El Señor nos dice y nos dice la Iglesia, somos un pueblo profético, que por tanto tiene que tener una fuerte experiencia de Dios, un pueblo que escucha su Palabra, un pueblo que es sensible a la presencia de Dios en el mundo, pero también a la ausencia de Dios en el mundo, un pueblo profético que es capaz de discernir lo que está pasando en la sociedad y que pueda decir en el nombre de Dios aquí se está construyendo el Reino de Dios y se está haciendo su voluntad, o todo lo contrario, aquí se está destruyendo. Se necesita que ese Pueblo de Dios salga adelante, exprese su opinión, manifiesta su posición cristiana; un pueblo profético que no puede quedarse callado, pero es culpa nuestra que no hemos enfatizado la condición profética del pueblo de Dios.

        La función real si es casi inexistente para el pueblo de Dios en general, porque está casi toda ella depositada en el sacerdocio ministerial; pero no puede ser así, hay que ir haciendo participar a todo el pueblo de Dios de las decisiones de ese pueblo, es un pueblo que tiene que participar y opinar, y si es cierto que no puede tomar las últimas decisiones, no; porque la iglesia es jerárquica, es decir un pueblo organizado, que tiene mando de autoridad y tiene quien toma las últimas decisiones, lo queramos o no. Pero no podemos permitir que el pueblo sea mantequilla, no podemos opinar nosotros los sacerdotes y nos importa muy poco lo que piense el pueblo y lo que siente el pueblo, no es posible; nosotros no vamos a ninguna parroquia ni a ninguna parte hacer nuestra propia voluntad, vamos a trabajar mano a mano con un pueblo, junto con el cual estamos descubriendo juntos la voluntad de Dios y todos comenzando por el sacerdote estamos llamados hacer su voluntad.

        En fin, yo hago un llamado a los sacerdotes y a mí mismo, a tratar de fomentar en este pueblo maravilloso esas tres características, para que todos tengamos un lugar y un espacio y cada quien se sienta miembro de ese pueblo, cada quien pueda expresar su opinión y todos podamos colaborar en la construcción del Reino de Dios, sólo así se podrá construir.

        Quiero hablar a mis hermanos sacerdotes, yo también soy sacerdote con ellos; pero quisiera recordarles los retos que tenemos por delante, los retos de esta diócesis concreta, que son nuestros compromisos y es lo que debemos llevar dentro de nuestro corazón, eso es lo que debe ocupar nuestro tiempo, esfuerzo y sacrificio, todo…, queremos dar la vida por la causa del Reino de Dios y éstas están expresadas claramente según nuestro proyecto de evangelización y están expresadas también en las necesidades del pueblo al cual nosotros servimos.

        Aquí en la diócesis sigue siendo nuestro gran reto, implementar nuestro plan de evangelización, pero ya no a un nivel diocesano, ya ustedes saben que un proyecto de evangelización que se quede a nivel diocesano muy poco va a producir y se va a quedar en un escaparate. Ese plan de evangelización tiene que llegar y aterrizar en las parroquias, los sacerdotes junto con el consejo de evangelización, junto con los laicos comprometidos, junto con ese pueblo, tienen que darse a la tarea de elaborar un plan de trabajo para esa parroquia, cierto basándose en el plan diocesano, pero tienen que hacer su propio plan de trabajo; desde un folletito hecho sobre todo en San Isidro no se puede decirle a Golfito o Coto Brus qué es lo que allá se necesita, qué presencia y que acción evangelizadora tiene que caracterizar el trabajo de Fila Guinea, el trabajo de Pejibaye o Golfito.

        Esto es una tarea y ustedes la tienen entre manos, recuerden que esto no es invento mío, ya vamos por el sexto plan, esto no lo inventé yo, esto viene propuesto por Iglesia desde hace años, más bien se ha quedado en el escaparate, ninguna parroquia tiene su plan de trabajo, y como lo he dicho varias veces, eso no puede ser; una parroquia sin su plan de trabajo, sin un estudio serio de su realidad, una parroquia sin su plan serio sobre sus desafíos: no es parroquia, no ha nacido ni siquiera, debería ser reducida a la condición de una misión, no puede ser parroquia; nacerá como parroquia y empezará como parroquia el día que tenga un plan de trabajo serio, hecho por todos los miembros de ese pueblo o la mayoría posible; ese día podrán decir estamos ejecutando un plan de evangelización de esta parroquia y no de la diócesis. La diócesis no puede hacer plan de evangelización para nadie, ustedes tienen que hacerlo en sus mismas parroquias, en esto les pido de todo corazón dedicar todas nuestras energías, en particular en este año que queda, algunos ya estarán trabajando en ello, otros pongan todas las baterías a trabajar y pongan a trabajar a su gente, no será recargarles demasiado, esperamos que no; pero tiene que salir en este año que cada parroquia tenga su plan de evangelización o plan de trabajo fruto del esfuerzo de todos ustedes.

        Tenemos otro reto que es el Año Jubilar, se está pasando el año y quizá vamos a malgastar esta oportunidad, es demasiada la gracia de Dios que se nos ofrece, es demasiada la misericordia divina que quiere derramarse sobre nosotros, tenemos que seguir promoviendo el Año Jubilar, tenemos que organizar grupos de peregrinación, tenemos que ofrecer todas las posibilidades de reconciliación, penitencia y conversión, confesiones… Tenemos la dicha ustedes ya lo saben, de tener entre nosotros un misionero de la misericordia, el Padre Pedro Obando. Ah! Pues no podemos perder esa oportunidad, no podemos dejar pasar este año sin que todos tengamos acceso a la misericordia divina, que quiere perdonarnos y llenarnos de su gracia, y hacerlo llegar a todos partes: cárceles, hospitales, hogares de ancianos, orfanatorios, lugares de marginados, enfermos… a todos tiene que llegar como quiere el papa, el perdón y la misericordia divina.

        Tenemos un desafío muy serio, pero muy serio, y en esto quiero ser muy claro con mis hermanos sacerdotes, y esto va más allá de nuestra diócesis, en Costa Rica ya no habrá manera de que no se ponga en práctica la fertilización in vitro, ya eso vino decidido desde la Corte Interamericana y Costa Rica no creo que vaya a tener posibilidad de echar eso atrás, si así fuera bendito sea Dios. El gobierno se siente en la obligación de llevar eso acabo, a pesar de que sabe muy bien que la Iglesia Católica está totalmente opuesta a la fertilización in vitro; hermanos nosotros no podemos ahora más que legislar en algunas condiciones de cómo aplicar en Costa Rica la fertilización in vitro, pero Costa Rica no creo que vaya a tener otra alternativa. La alternativa está en nosotros los cristianos, y nosotros los sacerdotes debemos recordarlo: la fertilización in vitro es totalmente opuesta al plan de Dios, es completamente la negación al derecho a la vida, pues niega algo que afirma nuestra misma constitución y el Pacto de San José, pues niega que la vida comienza con la concepción y termina con la muerte natural. Esto se está negando en nuestro país, parejas católicas y cristianas están queriendo acceder a la fertilización in vitro para tener un hijo, comprendemos que quieran tener un hijo, pero tenemos que decir con toda claridad que la Iglesia Católica se opone a la fertilización in vitro y un cristiano no puede acceder a ella; la fertilización in vitro juega con los embriones humanos, los selecciona y los extermina, los congela y los vende a quien quiera pagar mejor…, ahorita vamos a ver la subasta de embriones, a ver quién paga más, como si fueran pedazos de carne, como si fueran cualquier objeto… y son seres humanos esos embriones. Tenemos la obligación de hablar fuerte, tenemos que manifestarnos yo no sé cómo, tenemos que hablar fuerte y reunir al Pueblo de Dios y decir estas cosas con toda claridad, mientras la fertilización in vitro sea lo que es hoy, la Iglesia católica no puede estar de acuerdo con ella; ayudemos a nuestros hermanos de otra manera, ayudemos a nuestros hermanos a buscar la forma de poder tener un hijo, pero por maneras auténticas y verdaderas y no a través de la fertilización in vitro, detrás de la cual hay un montón de intereses políticos y económicos que están por detrás de todo ese movimiento internacional que busca su aprobación.

        Hermanos y hermanas, y sobre todo hermanos sacerdotes; tenemos otro reto enorme, aquí en esta diócesis estamos llamados a ayudar a los matrimonios con el establecimiento de un tribunal matrimonial, estamos dando los primeros pasos hacia allá, los documentos que vienen de Roma siguen diciendo que es responsabilidad principal del obispo diocesano y de cada diócesis tener su propio tribunal eclesiástico, de manera que tenemos que seguir en esa lucha, no es ninguna estupidez del obispo, no es ninguna locura del obispo que le agarró calentura y ahora quiere establecer un tribunal en la diócesis; lean bien los documentos, lean bien el espíritu de lo que ha querido el papa con el motu proprio, estamos dando los primeros pasos, pero necesitamos de todos ustedes, necesitamos que todos se comprometan y quieran hacer suya esa iniciativa y puedan llevarla a cabo, haciendo en sus parroquias lo que les corresponde y pueden hacer.

        Tenemos otro reto, si ustedes quieren, y no quiero terminar sin hablar de él; acaba de salir una película cuyo nombre al español no lo conozco pero en inglés se llama “Spotlight”, trata el problema del abuso sexual de niños por causa de los sacerdotes, éste es un problema más grande de lo que jamás nadie pensó, éste es un problema que no puede sino avergonzar a la Iglesia, éste es un problema en el cual buena parte de nuestro clero (no digo el clero de esta diócesis, Dios nos libre, yo espero que no) digo del clero de la Iglesia, en buena parte ha caído en este pecado; abusos sexuales de niños y esa película los está denunciando y nosotros que los tapamos por muchos años, nosotros que los quisimos ocultar por muchos años y nosotros que negamos si quiera que existiera el problema, ahora tenemos con gran sonrojo, con gran pena, con gran vergüenza… que aceptar que efectivamente éste ha sido un cáncer en el contexto del clero católico.

        Hermanos hay que sanar a nuestra Iglesia, hay que unirnos al esfuerzo del papa Francisco por hacer claridad sobre estos casos y hay que unirnos al ejército de todos aquellos que están queriendo que la Iglesia se mantenga limpia y pura, y que no sea la primera en cometer semejantes abusos contra creaturas inocentes o muy pequeñas. Aceptemos la realidad y pidamos su ayuda, pero, quiero añadir otra cosa, y tenemos que decir estas cosas con toda claridad aunque estemos con los medios de comunicación social, nuestro pueblo de Costa Rica y nuestro pueblo católico cada día más, cree menos en la castidad de los sacerdotes, cree menos en la fidelidad de los sacerdotes a su compromiso sacerdotal, nosotros vamos a renovar ahorita las promesas sacerdotales, pero nuestro pueblo cree cada día menos en la castidad de nuestros sacerdotes, a quienes acusa de tener mujeres y de tener niños y de tener aventuras… habrá que ver hasta qué punto esto será cierto, quiera no sea cierto entre nosotros; pero este es un problema grave porque quita credibilidad a la Iglesia; o la Iglesia se propone ser verdaderamente santa o vamos estar nosotros mismos pisoteando nuestro compromiso e impidiendo que la Iglesia sea creíble; buena parte de Costa Rica no cree en ella, y si cree en ella, cree como institución porque no cree en sus sacerdotes y en su celibato; tenemos que dignificar nuestro celibato, tenemos que vivirlo con alegría y fidelidad, y esto no es solo para sanar nuestra propia imagen que ya está deteriorada, sino para sanar la imagen de la Iglesia y su credibilidad.

        Y una última cosita, en Costa Rica sigue bajando el número de los católicos, al menos que las estadísticas nos estén engañando, sigue creciendo el número de las iglesias no católicas, sigue creciendo el número de religiones, creencias, ideologías, supersticiones, filosofías… y la práctica de los católicos va siempre para abajo, siempre para abajo; no podemos no hacernos preguntas sobre ¿qué está pasando? ¿a dónde vamos a llegar? ¿es parte falta de esa credibilidad que tenemos? ¿o es parte de esa poca atracción que tenemos para la fe del pueblo en general? No vamos a ir a pelear contra nadie ni a combatir a los protestantes, al contrario, tenemos que tomar una actitud benigna y respetuosa para con ellos, tenemos que ser ecuménicos y estar abierto a otras iglesias, lamentamos que ellos nos ataquen tanto y tengan una actitud negativa contra la Iglesia católica, pero nosotros tenemos que hacernos ecuménicos; miren hermanos y hermanas al papa Francisco en este año que viene va a asistir allá en Europa a la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante, de la reforma de Lutero ¿y es que nosotros vamos a seguir diciendo barbaridades acerca de los protestantes? Bastante que nos han ayudado, bastante que darle gracias a Dios por la existencia de estos 500 años de otras iglesias… por lo menos nos han despertado, en buena parte todavía estamos dormidos. Volvámonos ecuménicos, abrámosle el corazón a todos, ahorita están volviendo las emigraciones y llegarán a Costa Rica creyentes musulmanes y personas de otras religiones africanas y se multiplicarán quizá las iglesias cristianas en medio de nosotros; por una parte hagamos lo nuestro para darles un buen ejemplo a ellos, tenemos que ser ejemplo de santidad para ellos; y por otro lado abramos el corazón a ellos para que se viva y se sienta que somos todos hermanos.

        Así sea.

         

         

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