Mirada a Costa Rica en Fiesta de la Negrita

Este 02 de agosto, al ser las 9:00 am, se celebró la Eucaristía en el contexto de la Fiesta Patronal en honor a la Reina de los Ángeles; celebración que contó con la presencia de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, del Nuncio Apostólico y del arzobispo de Panamá, Mons. Ulloa Mendieta.

Con la monición a la Palabra, fuimos invitados a “descubrir el don extraordinario que Dios quiso conceder, don de frente al cual hay dos respuestas posibles”, indicó el liturgo encargado; pues, “la sabiduría es la capacidad de recibir el Espíritu de Dios y dejarse guiar por Él para actuar correctamente”.

Luego, el mismo Padre Manuel Rojas, precisó que “la verdadera alegría está en acoger la sabiduría de Dios, cómo lo hizo María”, al tiempo que recordó cómo esta opción se ha de realizar en medio de las circunstancias históricas comprendiéndola como un momento privilegiado y aprendiendo de María a responder.

Al inicio de la homilía, que estuvo a cargo de Mons. José Manuel Garita Herrera obispo de Ciudad Quesada, dijo que esta celebración es también  “motivo para pedir la solidaridad, la paz y la justicia de nuestra querida Centroamérica, al cobijo de nuestra Madre Santísima imploramos para que sece toda forma de violencia, y pedimos hoy especialmente por nuestro hermano país de Nicaragua”.

Mons. Garita indicó que esta celebración “nos permite hacer una lectura salvífica de la historia, es decir, desde la fe…; conocer a Dios no es saber sobre Él sino tener experiencia y entrar en comunión con Él, entrar en relación con el designio sobre todo la persona y sobre toda la humanidad”, precisó.

“Con profundo sentido de fe, y como pastores de la Iglesia, estamos convencidos de que el proyecto que Dios tiene sobre la historia humana es un plan de bondad, unidad y comunión, en el cual no triunfa la fuerza del poder o del tener, sino la fuerza regeneradora del amor como bien supremo”, precisó el prelado.

Con gran claridad y firmeza, el obispo de Ciudad Quesada, dijo: “hoy, en esta fiesta de comunión nacional y eclesial, los pastores de la Iglesia Católica costarricense queremos hacer eco del valor fundamental de la dignidad de la persona humana y de las situaciones que nos preocupan que atentan contra ella como pueden ser el odio y la división, la intolerancia y la discriminación, la corrupción, los privilegios escandalosos de unos pocos -llámense salarios y pensiones de lujo, pluses, anualidades o como sea-, el exceso o defecto de autoridad para desestimar o encubrir situaciones graves en el ejercicio de la función pública, la “ideologización de la educación”, la falta de control en el gasto público, el desempleo, el rezago de la infraestructura (ejemplo el eterno y costosísimo proyecto de la carretera a San Carlos), la drogadicción, el narcotráfico”.

En este sentido, y gracias a su acción profética, el obispo añadió: “se equivocan quienes creen que la misión de la Iglesia se encierra en cuatro paredes o en una sacristía. La dignidad de la persona es sagrada, porque su fuente y origen es Dios; por ello, cada uno -desde su responsabilidad y obligación- está llamado a proteger y promover la dignidad integral de la persona humana, pues ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Y la Iglesia ha de hacerlo especialmente, como Madre, Maestra y experta en humanidad”.

Así mismo, Mons. Garita agregó ser muy necesaria “la confianza en la acción paterna de Dios, que actúa en el corazón de todo hombre y mujer de buena voluntad, nos renueva en la esperanza, y nos hace recordar que no estamos a merced del mal que aparentemente triunfa; o solos frente al devenir de la historia, pues la certeza de la paternidad de Dios nos renueva en el gozo de su fidelidad y nos libera de la angustia y el desaliento”, apuntó.

Y agregó: “la constatación de la fidelidad del Señor la encontramos en el rostro moreno de la Santísima Virgen, Reina de los Ángeles. Ella ha estado y sigue caminando con nosotros que somos su pueblo. Es la Madre firme y fiel, la misma que hoy contemplamos al pie de la cruz de su Hijo, como nos cuenta San Juan en el evangelio. No se separa ni abandona a Jesús en el momento más dramático y doloroso; es la Madre que siempre permanece y persevera. La imagen de esta Madre fiel es una memoria permanente del inmenso amor del Padre por nuestra Patria”.

“Ella nos ayude a ser coherentes y consecuentes con la fe que profesamos, nos obtenga de su Hijo la fuerza siempre atractiva de un testimonio convincente y valiente de nuestra fe. Nos enseñe a integrar, en un solo proyecto existencial, fe y vida; sin rupturas, contradicciones ni ambigüedades. Nos impulse en la edificación de la deseada “civilización del amor”, y nos conceda, con su segura y eficaz intercesión, una cultura solidaria y cristiana frente a los nuevos y actuales retos que tenemos, para no caer en la fácil tentación de encerrarnos en nuestras zonas de confort e indiferencia”, acotó el prelado como gran proyecto a seguir.

El prelado indicó que solo con Dios se podrá actuar con rectitud y justicia para luchar con valentía contra la cultura de la muerte, y enumeró: “la promoción del aborto, que no es más que matar la vida del más indefenso que está en el vientre de su madre; cantidad de muertos por accidentes en carreteras; la tasa de asesinatos, considerado este mal como una epidemia por la Organización Mundial de la Salud; y la ola creciente de violencia contra la mujer”, recalcó.

El obispo también indicó que “al amparo de nuestra Madre y como Iglesia, debemos luchar también contra la desigualdad y la pobreza extrema…, el estancamiento de la pobreza por más de dos décadas que nos tiene con 307.270 hogares sumidos en la pobreza y 1.115.261 personas que no cuentan con recursos para sus
necesidades mínimas”.

Y tocando temas muy delicados de nuestra nación, el obispo Garita, añadió: “debemos hablar de la necesidad de una reforma fiscal equitativa y solidaria, es hora de acabar también con los privilegios escandalosos de unos pocos frente a las numerosas necesidades de una inmensa mayoría. Que la Madre de Dios nos brinde la luz de su Hijo para atacar todo brote de corrupción y
mentira”.

Finalmente, con gran fuerza indicó: “me dirijo a
todos los fieles católicos que deben ser consecuentes con las exigencias de su fe y con las enseñanzas de la Iglesia, me dirijo también a las personas de buena voluntad y recta conciencia; en esta ocasión les digo, trabajemos y comprometámonos todos, especialmente los católicos que tienen responsabilidad legislativa,
ejecutiva y judicial, trabajemos de verdad en los siguientes aspectos medulares de actualidad nacional: primero, en el respeto irrestricto a la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, descartando absolutamente el crimen del aborto, llámese como se llame, o como lo quieran llamar; segundo, en la conservación y fortalecimiento de la familia, tal y como Dios la ha concebido, basada en el matrimonio entre varón y mujer; tercero, en la promoción de una cultura de paz y seguridad como respuesta a la violencia desmedida y a la epidemia de homicidios y feminicidios que nos aqueja; cuarto, en la concreción pronta de una reforma fiscal, necesaria para el país, y que habrá de estar basada en los principios de equidad y solidaridad… Es hora de que en Costa Rica volvamos los ojos hacia los más pobres y se acabe con tanta desigualdad; y quinto con la implementación de una estrategia migratoria que responda especialmente a las consecuencias que ya tenemos de la grave y lamentable crisis nicaragüense”.

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