Mons. Mario Quirós y los lazos con la Diócesis de San Isidro

El obispo que el Papa Francisco ha designado para la Diócesis de Cartago, como bien sabemos, es Mons. Mario Enrique Quirós Quirós, el cual nació en Paraíso de Cartago el 19 de enero de 1967, y es hijo de Emma Luisa Quirós Coto y Noé Quirós Solano (qdDg).

Es así, como los apellidos antes mencionados empiezan hacerse familiares para la Diócesis de San Isidro, pues Noé Quirós Solano, padre del nuevo obispo de Cartago, es hermano de sangre del Padre Manuel Quirós Solano, quien fuera el primer párroco de la Parroquia San Isidro Labrador o Catedral como le llamamos comúnmente. Entonces, Mons. Mario Enrique Quirós, es sobrino de aquel sacerdote que puso las incipientes bases de la Parroquia de San Isidro, ante la salida de los sacerdotes alemanes a mediados del siglo pasado; el mismo prelado, indicó que en la zona de San Isidro, se encuentran varios parientes que migraron en la década de los 50, tanto de la familia Quirós como de los Coto.

En una entrevista concedida a Radio Sinaí 103.9 FM, Mons. Quirós manifiesta “su gratitud por el espacio que se le brinda, signo de solidaridad y comunión con la Diócesis de Cartago, pues la alegría de una es del otro, y así se comparte no sólo las dificultades y tristezas sino los dones”, precisó al inicio de sus impresiones; al tiempo que aprovechó para “saludar a tanta gente buena y comprometida de la Diócesis de San Isidro, gente sencilla y humilde que nos edifica por sus valores evangélicos”.

Fue claro en manifestar que se trata de una “designación que jamás se imagina, me toma por sorpresa, al punto que sigo impresionado, no logro y pasará mucho tiempo para intentar responder a lo que este gran ministerio implica, incluso como estilo de vida y de servicio”, precisó con voz pausada y clara.

Recordó que a su designación se encontraba en España, donde desde el 2013 realizaba estudios para obtener su Doctorado en Teología Dogmática por la Universidad Pontificia de Salamanca, indicó que esta experiencia le “permitió conocer una realidad eclesial con gran testimonio”; nos contó que su proyecto de estudio se encontraba en las etapas finales, “estaba de lleno en la tesis, es un proceso que exige mucho esfuerzo, concentración, dedicación, estudio y sacrificio, de sus cuatro partes me encontraba con tres cuartos estructurados, falta el análisis y las conclusiones… razón por la cual, regreso a España para intentar hacer un cierre modesto aunque respetando el proceso de la universidad”.

Al consultarle cómo describe este regreso a casa, nos indicó que esta designación como obispo le hace cambiar todos sus planes, y con su particular buen sentido del humor, indicó: “yo pensaba llegar de otra manera, con estudio concluido y esperando dónde el obispo me ubicara, quizá en una parroquia pues no he sido párroco, dando clases y en algún otro servicio particular, pero jamás lo imaginé, da un vuelco la vida, la existencia y la persona…; algo importante un gesto precioso ha sido la respuesta unánime del clero, he sentido apoyo al cien por cien…, llego con temor, con inquietudes y desafíos pero acuerpado por el presbiterio que me apoya y por la oración de la gente; me siento en paz, con la conciencia serena, y ante los desafíos me siento animado y esperanzado…”

Mons. Quirós con gran humildad y profunda fe nos compartió los sentimientos que surgen de su corazón ante la elección del 13 de mayo como día para su Ordenación Episcopal, pues buscando un sábado que no fuera en Cuaresma y que estuviera dentro del margen permitido por Roma para recibir la ordenación, encontró este día mariano y lo eligió inmediatamente porque “el grupo de formación inició el tiempo de seminario en 1988 que fue un año mariano, tuve la dicha de ser ordenado sacerdote un 8 de diciembre de 1994, conté con el privilegio de presidir mi primera misa en esa misma fecha, nuestra formación familiar está fuertemente marcada por la espiritualidad mariana y ese día serán los 100 años de la aparición de Fátima; sin duda, María en la vida de nosotros como sacerdotes es importante, pues es la que convoca y reúne para llevarnos a su Hijo, ella es la Estrella que guía el camino vocacional”.

Con mucha alegría nos compartió el que será su lema episcopal, el cual estará tomado de Gálatas cuando dice: “Estoy crucificado con Cristo”; indicó que éste lema le recuerda aquella oración de la ordenación presbiteral y realidad del sacerdote: “recibe la ofrenda del pueblo santo para el sacrificio eucarístico, recuerda lo que celebras, imita lo que conmemoras y conforma tu vida con el misterio de la Cruz del Señor…, donde no es sufrir por sufrir, sino es el sentido de la renuncia, estamos para darnos y para servir como lo hizo Jesús, y esta vida lleva a una espiritualidad que sólo se entiende mirando el crucificado…, el obispo experimenta también esa entrega que deberá ser modelada con la cruz para ser ofrenda del pueblo, debemos ser cercanos al pueblo”, concluyó.

Finalmente, con una voz suave y cercana, quiso enviar un mensaje a todos los diocesanos de San Isidro: “recen por mí, no olviden orar por Mons. Gabriel, ténganlo muy presente en su oración”; y continuó con un mensaje para sus fieles de Cartago: “el obispo en Cartago debe ser una persona que respire diálogo, con rostro de Iglesia cercana, que abra sus puertas y que invite a la evangelización, Iglesia con rostro de misericordia, voluntad del Padre, con sentimientos de amor, Iglesia que se acerque ante los desafíos buscando esperanza y alguna salida ante la realidad de hoy”.

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