Padre Chemita gracias por tu testimonio

Como sacerdote pero ante todo como bautizado, he guardado tanta admiración y respeto por el testimonio de vida del Padre Chemita, a este humilde fraile de corazón íntegro y tenaz carácter, lo conocí mientras recorría con toda fuerza de ánimo los más remotos rincones del inmenso cantón de Coto Brus, para aquella década de los 80’, cuando era una sola parroquia lo que hoy son cuatro jurisdicciones eclesiásticas; hasta el punto de confesarles, que siempre me sentí inquieto por ese carisma franciscano.

Siendo yo niño, tengo la imagen grabada de un hombre valiente que llegaba con el vehículo parroquial a celebrar los sagrados misterios de nuestra fe a la comunidad de Sabalito de donde soy oriundo, pero para aquellas épocas este fraile hacía mucho más que eso, pues a caballo visitaba las montañas más alejadas de la zona norte del cantón, en largas jornadas de trabajo y servicio por la evangelización, sobre todo de los más necesitados, en donde humanamente no sé cómo hacía para rendir las horas y días.

Ya nuestro querido Chemita había superado tantos retos, que por eso no se arrugaba ante los obstáculos más difíciles que pudieran presentarse; de procedencia humilde, habiendo tenido la pobreza como su más fiel compañera desde su nacimiento, en Chemita había madera suficiente para que el carisma franciscano se cuajara de manera admirable…

Así, superando los duros retos del trabajo de campo como agricultor de sepa, aprendiendo a leer ya adulto y sin nunca haber pasado por un aula de primaria o secundaria sino que estudiando por ratos en las tardes de lluvia y de la forma más rudimentaria, su gran inteligencia unida a la gracia dio paso a que este fraile, ya ordenado sacerdote, pusiera por escrito las Constituciones, recordando de memoria no sólo los ideales franciscanos sino también el matiz propio del recordado Fray Casiano de Madrid, y diera nuevamente a luz la obra en favor de los niños más necesitados.

Pastor celoso e insigne, empezó su fértil ministerio en la Zona de Los Santos, llevando el evangelio vivo a lo que hoy es Tarrazú y León Cortés; de ahí, viajó a Guatemala para encarnar aún más su ideal del pobre de Asís y regresó para su heroica obra realizada en Coto Brus como lo he indicado. No creo que exista cotobruseño alguno que no conozca a este hombre, a este fraile que no temió río ni lodo, que ningún potrero o montaña hizo claudicar, a este sacerdote que tenía el cansancio como norma de vida, a este pastor que se desveló por su pueblo para que pudiera estar alimentado de Jesús Eucaristía, a este profeta que no titubeó en levantar la voz para defender al desposeído y ser voz de los que no la tenían…

Por si fuera poco, luego dedicó unos años de servicio en Ciudad Neily y cuando muchos pensaban que ya debía descansar por su jubilación canónica, regresó como párroco a Fila Guinea en donde hizo un trabajo más que extraordinario… Resumir su obra es imposible, fundador de las parroquias de Agua Buena y Sabalito y muy encaminada la de San José en La Guinea, forjador de los Franciscanos de Cristo Obrero, constructor de las casas para sus frailes de quienes sin duda es padre y maestro, constructor insigne de capillas para que los pueblos más lejanos tuvieran donde celebrar los misterios, y celoso servidor de los niños abandonados en el Hogar AMA…, será siempre poco en el legado de este santo entre nosotros.

Este 12 de octubre, tuve el privilegio de acompañarle en una especial misa. Primero, porque recordé que hace 8 años cuando estuve de párroco en San Vito, Dios me permitió preparar su celebración de los 49 años de haber tomado el hábito franciscano, momento que él mismo catalogó al recordar aquel día, como el más feliz de su vida al verse que portaba para siempre el traje de Asís; luego, su caminar pausado, más que lento hacia el altar, mientras hacía un visible esfuerzo para ascender las gradas, al mirarle con la capucha franciscana bajo sus ornamentos, mi mente y mi corazón fue hasta el santo Padre Pío y me dije para mí, esta es la santidad que muchas veces no valoramos…

Y es que esta misa, presidida por el mismo Padre Chemita en el marco de sus 43 años de vida sacerdotal, nos permitía palpar una vida que habla de Dios porque se le entregó a Él; la Eucaristía fue muy emotiva, primero porque es nuestra oración por excelencia con valor absoluto en sí misma, y segundo porque la misma imagen de Chemita nos decía que estábamos ante su fuente y ante su todo…

Al finalizar este artículo, lo quiero hacer con las mismas palabras que este fraile sacerdote nos compartió a los presentes, poco antes de que su frágil humanidad degastada por una vida más que entregada a los suyos, se dirigiera lentamente hacia la sacristía donde minutos antes le había ayudado a revestir los ornamentos sagrados. “Decía uno de mis superiores cuando yo estudiaba, el sacerdote se ordena para servirle a la Iglesia que es nuestra madre sin taza, sin reservas y sin medida, todo lo que de él salga está entre su cometido…; así hemos trabajado en la Iglesia, con este fin de servirla como madre que es nuestra, en mi caso cuando ya el Señor quiso cesarme de esta misión y me mando al lecho del descanso, quiero seguir sirviéndole a la Iglesia ofreciéndole mis dolores, mis sacrificios, mis penalidades y preocupaciones, mis llantos y mi todo, porque no les voy a negar que he llorado en la cama pensando que ya no puedo servir más a ella, pero yo pienso que en el dolor también se le sirve, entonces agradezco a ustedes que vengan a celebrar el día de mi cumpleaños, año 43 de ordenado y ofrezcan conmigo sus penalidades, sacrificios, sus temores y todo lo que tengan que sufrir por nuestra santa Iglesia que es nuestra madre… De esta manera quiero despedirme de ustedes, porque ya yo no me atrevo a celebrar (entiéndase presidir) la santa misa, me falta la vista y una serie de cosas y ya no es posible poder celebrar (presidir)… De manera que muchas gracias y les agradezco muchísimo”, señaló Chemita.

Por eso y tanto más, gracias estimado hermano, gracias por tu entrega y tu testimonio, gracias porque sigue siendo nuestro maestro con tu vida, gracias por sus oraciones y sacrificios que nos siguen sosteniendo, y perdón por las veces en que quizá no hemos sabido estar a tu lado.

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