Papa Francisco: «ustedes queridos jóvenes son el ahora de Dios»

Este domingo 27 de enero, el Papa Francisco ha presidido la Eucaristía en el Campo San Juan Pablo II en el contexto de la clausura de la JMJ Panamá 2019, una vez más su mensaje elocuente ha sido dirigido para que asumamos la misión de responder a la llamada que Dios nos hace.

Durante la homilía, el Papa ha dicho que «el evangelio nos presenta el comienzo de la misión pública de Jesús. Lo hace en la sinagoga que lo vio crecer, rodeado de conocidos y vecinos y hasta quizá de alguna de sus “catequistas” de la infancia que le enseñó la ley» .

«Jesús revela el ahora de Dios que sale a nuestro encuentro para convocarnos también a tomar parte en su ahora de «llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor» (cf. Lc 4,18-19). Es el ahora de Dios que con Jesús se hace presente, se hace rostro, carne, amor de misericordia que no espera situaciones ideales
o perfectas para su manifestación, ni acepta excusas para su realización. Él es el tiempo de Dios que hace justa y oportuna cada situación y espacio. En Jesús se inicia y se hace vida el futuro prometido», acotó el Santo Padre.

Con toda claridad, precisó el Sumo Pontífice, no todos en su tiempo le creyeron, «también a nosotros nos puede pasar lo mismo. No siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto y cotidiano, tan cercano y real, y menos aún que se haga tan presente y actúe a través de alguien conocido como puede ser un vecino, un amigo, un familiar. No siempre creemos que el Señor nos pueda invitar a trabajar y a embarrarnos las manos junto a Él en su Reino de forma tan simple pero contundente. Cuesta aceptar que «el amor divino se haga concreto y casi experimentable en la historia con todas sus vicisitudes dolorosas y gloriosas»», precisó.

Y agregó: «no son pocas las veces que actuamos como los vecinos de Nazaret, que preferimos un Dios a la distancia: lindo, bueno, generoso pero distante y que no incomode. Porque un Dios cercano y cotidiano, amigo y hermano nos pide aprender de cercanías, de cotidianeidad y sobre todo de fraternidad… Dios es concreto porque el amor es concreto».

«Querer domesticar la Palabra de Dios es cosa de todos los días. E incluso a ustedes, queridos jóvenes, les puede pasar lo mismo cada vez que piensan que su misión, su vocación, que hasta su vida es una promesa tan solo para el futuro y nada tiene que ver con vuestro presente. Como si ser joven fuera sinónimo de sala de espera de quien aguarda el turno de su hora», insistió el Vicario de Cristo durante us intervención.

«Ustedes, queridos jóvenes, no son el futuro sino el ahora de Dios. Él los convoca y los llama en sus comunidades y ciudades a ir en búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse de pie y junto a ellos tomar la palabra y poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó. No mañana sino ahora,» afirmó Francisco.

Para actuar ya, será preciso enamorarse de Dios; por eso, Francisco continuó recordándoles a los jóvenes que» aquello que los enamore conquistará no solo vuestra imaginación, sino que lo afectará todo. Será lo que los haga levantarse por la mañana y los impulse en las horas de cansancio, lo que les rompa el corazón y lo que les haga llenarse de asombro, alegría y gratitud. Sientan que tienen una misión y enamórense, que eso lo decidirá todo. Podremos tener todo, pero si falta la pasión del amor, faltará todo. ¡Dejemos que el Señor nos enamore!».

«El Señor y su misión no son un “mientras tanto”en nuestra vida, algo pasajero, ¡son nuestra vida! Todos estos días de forma especial ha susurrado como música de fondo el hágase de María. Ella no solo creyó en Dios y en sus promesas como algo posible, le creyó a Dios y se animó a decir “sí” para participar en este ahora del Señor. Sintió que tenía una misión, se enamoró y eso lo decidió todo», recordó el sucesor de Pedro.

Al concluir su intervención, lanzó una cuestionnate: «¿Quieren vivir la concreción de su amor? Que vuestro “sí” siga siendo la puerta de ingreso para que el Espíritu Santo nos regale un nuevo Pentecostés al mundo y a la Iglesia», dijo Francisco.

Finalmente, el Cardenal Kevin Joseph Farrell
Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, dijo: «¡Gracias Santo Padre, por habernos guiado en esta peregrinación intercontinental! ¡Gracias por confirmarnos una vez más en la fe! ¡Gracias por ser ese servidor incansable que nos lleva a Jesús, fuente
de nuestra alegría! Le pedimos, Santo Padre, que bendiga a estos jóvenes y los envíe como discípulos misionarios. Que, como María, lleven a Jesucristo a todos, especialmente a sus coetáneos y a los más necesitados, sin
olvidar nunca a los ancianos, con los que compartirán sus sueños y visiones»

Por su parte, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta Arzobispo de Panamá, al llegar prácticamente la final de la JMJ 2019, dijo: «como fruto nos queda una Iglesia Católica en Centroamérica fortalecida en su estructura pastoral, en su comunión eclesial y avivada en su compromiso misionero y discipular para anunciar con pasión la alegría del evangelio. Inicia una nueva etapa en la evangelización de este continente de la esperanza y del amor, en el
que la juventud nos impulsa a ser una Iglesia en salida, con rostro joven y renovado, a no tener miedo de encontrarse con el mundo para anunciar la Buena Nueva, con la pasión de los discípulos y misioneros de Jesucristo. Gracias, Santo Padre, por su fidelidad a Jesucristo y su compromiso con la Iglesia, con una Iglesia
pobre, cercana y misericordiosa», concluyó.

A estas palabras, Francisco replicó: «doy gracias a Dios por habernos dado la posibilidad de compartir estos días y vivir nuevamente esta Jornada Mundial de la Juventud… Agradezco a Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá, su disponibilidad y su buen hacer al acoger en su Diócesis esta Jornada, así como a los demás obispos de este país y de los países
vecinos, por todo lo que han realizado en sus comunidades para dar cobijo y ayuda a tantos jóvenes. Gracias a todas aquellas personas que nos han sostenido con su oración, y que han colaborado con su esfuerzo y trabajo para hacer realidad este sueño de la JMJ en este país.
Y a ustedes, queridos jóvenes, un grande «gracias». Su fe y su alegría han hecho vibrar a Panamá, a América y al mundo entero… Les pido que no dejen enfriar lo que han vivido durante estos días. Vuelvan a su parroquias y comunidades, a sus familias y a sus amigos, y transmitan esta experiencia, para que otros puedan vibrar con esa fuerza e ilusión que ustedes tienen. Con María sigan diciendo “sí” al sueño que Dios sembró en ustedes. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí».

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