Pbro. Arnulfo Abarca da gracias a Dios por 25 años de sacerdocio

En la mañana de este miércoles 25 de enero, fuimos testigos del amor de Dios derramado en su Iglesia, cuando el Pueblo de Dios se reunió para agradecer por el don sacerdotal del Padre Arnulfo Abarca, celebrando la Eucaristía al ser las 10:00 am en el templo parroquial de San Ramón Sur, donde actualmente sirve como vicario parroquial.

La fiesta contó con la presencia de un significativo número de co-hermanos sacerdotes y una concurrida asistencia de laicos venidos de las distintas parroquias donde ha servido durante su vida ministerial, como por ejemplo: Palmar Norte, Palmares, San Marcos de Tarrazú, entre otros, y la compañía de una religiosa panameña quien con gran alegría acompañó a su amigo al que recuerda por sus gran des esfuerzos evangelizadores y luchas por el bien de la Iglesia en Tocumen, en Panamá.

El Pbro. Luis Gerardo Fernández Solano, párroco de Tarrazú, durante su predicación recordó que este es un día agradecer y estar feliz, un día donde “damos gracias por este día tan hermoso, donde damos gracias por la vida del Padre Arnulfo y sus 25 años de vida sacerdotal, donde tenemos que hablar de las cosas buenas porque como Pablo entramos en conversión, y en donde nuestra fragilidades las dejamos al Dios que nos perdona”.

“Nosotros nos parecemos muchas veces a Saulo, al San Pablo antes de la conversión, cuando juzgamos y condenamos a los demás porque no actúan como yo”, precisó el sacerdote. Reflexionar sobre esta realidad, nos hace pensar que “el momento de la conversión se da cuando Jesús le pregunta por qué me persigues, y entonces el que persigue a un cristiano persigue a Cristo, si condena a un hermano termino juzgando a Cristo”, indicó el párroco de Tarrazú durante la homilía.

“Puedo pasar toda la vida muy tranquilo creyendo que cumplimos los mandamientos, pero nos puede faltar lo que el Señor nos pidió, esa nueva visión del amor pleno”, recordó el Padre Fernández; razón por la cual, hizo una llamado a comprender la conversión como un proceso “que nos llevará hasta el día de la muerte”.

En este contexto, es hermoso comprender “que el Señor fue llamando uno a uno para que fueran por el mundo a predicar, y esa misión nos toca hoy a todos los bautizados, pues todos somos Iglesia, y escuchando su Palabra, debemos llevarla al interior para vivirla y ponerla en práctica anunciándola a todos”; y así, queda definida la acción del sacerdote.

El Pbro. Arnulfo Abarca, con marcada emoción y gratitud a Dios dijo “Dios me ha chineado mucho, sigo confiando en Él”. “Quiero también agradecer a mi familia, a mis papás especialmente; fue para un verano como éste, que arrancando frijoles le dije a mi papá que me iba para donde los Capuchinos, y aunque no pudieron ayudarme por la pobreza, me animó”, recordó con mirada fija y serena. “Tengo tanta gente en mi mente y corazón que sin duda puedo decir que las personas son un regalo de Dios, por eso estoy contento; agradezco a todos”; finalizó.

El Padre Abarca Barrantes, confió a la Radio Sinaí en una entrevista que “estos 25 años han sido muy positivos, he pasado por momentos difíciles pero Dios siempre ha estado conmigo apoyándome y eso ha sido base fundamental para perseverar hasta hoy”, recordó. Esta misa “es una acción de gracias grandotota, es volver a decirle al Señor aquí estoy, quiero empezar de nuevo y seguir adelante, esta oportunidad es subir a la cima y es un regalo”, señaló con gran alegría.

“Lo que le da sentido al ministerio es saber que hay un pueblo, que hay gente que lo ama a uno sin ningún interés, un amor santo, en todos lado he encontrado ese apoyo de la gente y de verdad que es lo que le da sentido al ministerio; me acuerdo cuando fui a Nicaragua y empezaba mi experiencia vocacional, una cosa que me impactó fue ver la gente hambrienta y tan pobre en aquel momento de la historia, había pasado la revolución de Nicaragua y entonces eso me impactó; siempre he visto esa sed de la gente, ese deseo de encontrar algo más en un ministro y de encontrar algo más de un Dios que siempre está al lado del que sufre”, indicó con gran sentimiento mientras su mirada parecía revivir toda aquella experiencia.

Al finalizar la Eucaristía, se vivió toda una fiesta con el pueblo; y así, gracias a ese detalle y sentido particular de la gente de campo, se compartió un gallito con tanto amor, entre cantos y anécdotas, que terminaron de engalanar lo que fue sin duda una fiesta de la Iglesia.

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