Seminaristas del país hicieron misión en nuestra diócesis

Como parte del proceso de crecimiento integral que viven los seminaristas en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles, desde el pasado 30 de setiembre y hasta el 5 de octubre, 24 seminaristas del primer nivel de la Etapa Formando Discípulos Misioneros de Cristo (filosofía), realizaron la misión en la Parroquia San Marcos Evangelista, en Tarrazú.

El grupo conformado por tres seminaristas de la Diócesis de San Isidro, tres de la Diócesis de Alajuela, uno de la Diócesis de Limón, otro de la Diócesis de Ciudad Quesada, cuatro de la Diócesis de Tilarán-Liberia, siete de la Diócesis de Cartago y cinco de la Arquidiócesis de San José, vivieron esta experiencia de fe en nuestra diócesis sureña.

“Acompañar al Pueblo de Dios, ir a los que están alejados y animar a los que se sienten tristes es parte de la experiencia que se vivió en la misión”, afirmó Jason Varela seminarista de Lourdes de Pérez Zeledón. “Es darle rostro a la formación que llevamos en el seminario, y así continuar en el camino de discernimiento hacia la vocación sacerdotal”, acotó.

Esta experiencia se convierte en un “recargar baterías”, pues aunque se sale de misión con la convicción a dar, es más lo que se recibe por la gracia de Dios trasmitida por medio de las personas con las que se comparte.

El grupo de seminaristas se distribuyó en ocho comunidades cercanas al centro parroquial, y entre las actividades desarrolladas estuvieron el encuentro con jóvenes, visita a enfermos en sus higares, visita al hogar de ancianos, visita a las escuelas y el comercio, así como un encuentro con los agentes de evangelización, entre otras actividades.L a misión se cerró con la celebración de la Santa Misa presidida por Monseñor Gabriel Enrique Montero.

Alberto Castro, seminarista de Alajuela, indicó que “esta experiencia de misión siempre le genera a uno sentimientos nuevos que hacen arder el corazón de uno como cristiano, la necesidad de la gente por ser escuchada, de ser mirada con amor y compasión es lo que uno más percibe; al menos cuando recuerdo la misión, yo visualizo rostros concretos, situaciones concretas, que lo único que pudimos hacer fue encomendar a Dios y confiar que Él irá haciendo su obra y yo sé que así será.”

Así, el lema del Evangelio escogido para esta misión, “ya le basta al discípulo ser como su Maestro y al siervo como su Amo”, se ha vivido a plenitud y po eso se ha orado para para seguir creciendo en el discipulado, siendo testigos de Cristo y llevando la Buena Nueva a aquellos que están “cansados y agobiados”.

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