Seminaristas entorno al pastor celebran a San Isidro

La comunidad seminarística de Costa Rica se ha reunido para celebrar a San Isidro, que de manera especial fue ovacionado por los seminaristas de nuestra Diócesis de San Isidro; al ser las 5:30 pm, Mons. Gabriel Enrique Montero Umaña, presidió la Eucaristía en la Capilla Mayor del Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles, ubicado en Paso Ancho, San José.

Como es costumbre en esta casa de formación, los detalles litúrgicos fueron dignamente cuidados, y la Schola Cantorum embelleció con gran ejecución los cantos que nos hicieron transportarnos a la liturgia del cielo, degustada ya en la tierra; los seminaristas prestos para vivir el misterio de nuestra fe, con sus liturgias en mano santificaron el tiempo junto a los clérigos mediante el rezo de los salmos, y la Palabra de Dios proclamada en la asamblea litúrgica fue sin duda alguna, presencia de Dios que transforma y conduce.

Mons. Montero, durante la celebración, recordó agradecer a Radio Sinaí que realiza un esfuerzo para hacer que esta ceremonia llegue a muchas más personas, “gratitud al Padre Elí como director y a quien le acompaña (Dennis Leiva)”.

Seguidamente, durante la homilía, el obispo precisó que “al celebrar un santo, es el caso de San Isidro, nuestra mente empieza hacer cuenta de cómo llegaron a la santidad, de cuál fue su secreto; y a la luz de las lecturas, parece claro que el secreto es la práctica de la verdadera religiones, no ser piadosos sin más, porque el santo no es el de la simple religiosidad”.

“En la primera lectura, el profeta se pregunta cómo agradarle al Señor, qué le puede ofrecer, y piensa en formas grandiosas pero que son casi siempre más apariencia que otra cosa; y el mismo profeta dice, que lo que agrada a Dios es practicar la justicia, amar la lealtad y caminar humildemente delante de Dios”, indicó Mons. Montero.

Estos elemento, son explicitados también en la Palabra, y vale la pena que podamos acercarnos a éstos para entender qué tipo de respuesta quiere Dios de mí; “amar la justicia viene descrito de una manera bonita en el primer salmo de las Vísperas, y ante la pregunta quién habitará en tu monte, responde diciendo que quien le es agradable, quien vive con sinceridad, quien no calumnia, quien no engaña, el que no maltrata al vecino…”, señaló el prelado.

“Cumplir con la justicia es comprometerse por la causa, es practicar la justicia, es aquel que no permite que se haga mal al otro, que no tolera que se le dé a uno lo que le corresponde a otro”, señaló el obispo de San Isidro. Y la lealtad “se refiere a la sinceridad, se refiere a la fidelidad, al prometer y cumplir, a ser fiel a los compromisos hechos; y esto requiere de humildad a Dios; esto es algo extraño, porque se daba por supuesto la humildad hacia Dios, pero es delante de quien se cometen más pecados, pecados de orgullo, es delante de Dios cuando se practica mal la religiosidad…, cuánto orgullo se ha colado en las religiones y nuestra Iglesia no es excepción, se practica mal cuando hacemos distinción, cuando explotamos, cuando robamos pero de una manera maravillosamente revestida de religiosidad…”, afirmó con dolor y esperanza de cambio, el prelado sureño. Por eso, “en el evangelio, el Señor desenmascara la falsa religiosidad, no es el que dice Señor Señor, sino el que hace la voluntad de mi Padre; por eso algunos dirán ábrenos, y yo les diré váyanse malvados que ni siquiera los conozco”, recordó el obispo acerca de la claridad y radicalidad que pide Jesús.

Finalmente, Mons. Montero dirigió un pensamiento hacia San Isidro y la realidad que nos interpela; “San Isidro nos hace ver que él puso bases sólidas a su edificación espiritual, quienes construyeron sobre roca firme van a venir vientos y todo lo demás pero no la derriban; pero quien construye cimientos estúpidamente sobre arena, la harán caer… ¿Quién sabe si no estará pasando eso en nuestra fe cristiana”, argumentó el obispo.

“No podemos celebrar a San Isidro sin dejar tomar conciencia de su santidad y tomar conciencia del drama terrible que viven los agricultores de esta tierra, no honraríamos a San Isidro si no tomamos conciencia de esta realidad; de Costa Rica donde la mayoría son trabajadores de la tierra, son ellos los primeros desfavorecidos en una sociedad eminentemente injusta y pobre, de escases de una justa legislación laboral, enfrentados con la imposibilidad de acceso a la tierra, sometidos al alto costo de los insultos y por ende de la producción, dificultad para vender y competencia desleal incluso por políticas del pasado que vienen incluso fuera del país”, fueron las palabras del obispo en perfecta lectura profética de los textos.

Levantó la voz en favor de los agricultores y campesinos, al describir brevemente lo que él llamó drama: “los campesinos siguen desangrado y abandonando el campo donde ya ni siquiera se puede sobrevivir, porque hay un país que no ha podido aliviar la situación; se hacen esfuerzos y se reconocen, pero sería ingenuo pensar que todo se logró, el drama de nuestros trabajadores continúa en los bajos salarios, en la falta de organización para hacer valer sus derechos, en el desprecio que algunas generaciones sienten a la tierra”, indicó Mons. Montero, ciertamente conmovido ante esta realidad. Por eso, añadió: “celebremos a San Isidro con el deseo de quien quiere ser santo, consecuentes con lo que él hizo, amando a Dios y valorando el trabajo”.

Al concluir la Eucaristía, los seminaristas e invitados compartieron los alimentos, al tiempo que manifestaron su gratitud al obispo, a los sacerdotes Joaquín Calderón, Ricardo Segura y Elí Quirós por compartir con ellos. Durante ese espacio, el obispo agradeció a los seminaristas por la dedicación de sus vidas a Dios y por el estudio sincero que realizan con miras a consagrar su vida por el Sur del país, entre otros.

Por último, esta noche se aprovechó para dialogar sobre la próxima misión que desarrollarán los seminaristas diocesanos; por esta razón, el Pbro. Elí Quirós expuso la realidad social y pastoral de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes en Barrio Lourdes de Pérez Zeledón, lugar que ha sido escogido para esta experiencia de fe a desarrollarse en el mes de octubre.

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