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Cátedra del Obispo |
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Homilía en Honor a San Isidro Labrador, con motivo de la Fiesta Patronal de la Diócesis de San Isidro de El General, 15 de mayo del 2007.
Mons. Osvaldo Padilla, Nuncio Apostólico
Quiero aprovechar esta ocasión para extender un saludo fraterno a Mons. Guillermo Loría Garita, Obispo de esta Diócesis, a todos los sacerdotes, a las religiosas y al pueblo fiel de esta querida diócesis de San Isidro de El General.
Es la primera vez que visito esta porción de la Iglesia que camina en esta tierra del sur de Costa Rica, como ustedes saben no he podido hacerlo ante por motivos de salud, pero ahora agradezco al Señor el poder participar en la Acción de Gracias al Señor, uniéndome en la Eucaristía con todos ustedes queridos hermanos de San Isidro de El General.
Cuando se celebra la Fiesta de un Santo y más si es el Santo Patrono, además de aprovechar la ocasión para pedir al Santo que interceda ante Dios por nuestras necesidades espirituales y materiales, debemos reflexionar sobre la vida del Santo y debe de ser para nosotros un modelo al cual debemos imitar en sus virtudes.
No pocas veces cuando hablamos de un santo, pensamos que esta persona nació santo, que no tuvo problemas ni tentaciones, que con su vida espiritual todo era fácil, que no tuvo dificultad con la oración, ni con el acercarse a Dios.
Tenemos que decir que no es así. Un santo es una persona igual en todo a nosotros, tiene preocupaciones materiales, de salud, de bienestar, de trabajo, pero lo que les distingue es aquella disposición de recibir la Gracia de Dios y de acercarse al Señor por medio de la Iglesia y de los sacramentos.
San Isidro en su vida era igual a todos nosotros, venía de una familia pobre, era un humilde campesino, casado como son la inmensa mayoría de los cristianos, matrimonio del cual había nacido un hijo. En resumen, era un hombre como todos nosotros que trabaja en el campo con el deber de proveer por su familia, pero sobresalía en su vida el deseo de acercarse a Dios y de hacer Su Voluntad. Destaca su piedad cristiana y su testimonio transparente de vida cristiana. Era en el trabajo de cada día hecho con amor, el que le humanizaba y lo llevaba a seguir al Señor de una forma plena. Él es un verdadero santo. Santo es el cristiano que vive el mandamiento del amor, del amor a Cristo hasta los límites de la heroicidad. La familia que San Isidro tenía era modelo de comunidad cristiana, unida en la oración y en la participación de la Santísima Eucaristía.
San Isisdro, además supo ejercitar la paciencia y la perseverancia, supo ejercer las virtudes cristianas en una vida escondida en Dios. La clave espiritual de San Isidro desde la niñez fue la oración y el trabajo personal en el Señor.
San Isidro con su vida de campo y sencillez es para nosotros un buen modelo, un santo para imitar. ¿Qué significa imitar a un santo? Significa vivir de acuerdo al Evangelio, una vida marcada por el amor a Dios y al prójimo, una vida llena de oración. De la misma manera que San Isidro, nosotros en nuestra vida cotidiana debemos tener presente al Señor, estando unidos a Él.
Esto es lo que nos pide el Señor en el Evangelio de hoy, permanecer unidos a Él: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el que la cultiva” afirma el Señor. Nosotros los seguidores de Cristo si estamos unidos al Señor, produciremos abundantes frutos espirituales, así como el sarmiento no puede producir frutos si no está unido a la Vid, de la misma manera no podemos ser verdaderos discípulos y misioneros si no estamos unidos a Cristo.
Por medio del bautismo fuimos injertados en esa Vid que es Cristo y nos corresponde ser sarmientos que producen abundantes frutos. Estos frutos son el discipulado y la misión, realidades que no son ajenas a nuestra vida de cristianos, son parte esencial de nuestra identidad como seguidores del Señor. Por eso el discipulado y la misión son los temas principales de la actual V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano inaugurado por el Papa Benedicto XVI el domingo pasado en Brasil. Nos unimos con el Santo Padre y los Obispos en las oraciones para el feliz éxito de esta V Conferencia.
El Santo Padre recientemente ha señalado: “La Iglesia en América Latina afronta enorme desafíos: el cambio cultural generado por una comunicación social que marca los modos de pensar y las costumbres de millones de personas; los flujos migratorios, con tantas repercusiones en la vida familiar y en la práctica religiosa en los nuevos ambientes; la reaparición de interrogantes sobre cómo los pueblos han de asumir su memoria histórica y su futuro democrático; la globalización, el secularismo, la pobreza creciente y el deterioro ecológico, sobre todo en las grandes ciudades, así como la violencia y el narcotráfico”.
Ante estos desafíos, la V Conferencia en Brasil: “reflexionará sobre la necesidad urgente de una nueva Evangelización, que nos impulse a profundizar en los valores de nuestra fe”.
En efecto, la V Conferencia tendrá la tarea: “de fomentar que todo cristiano se convierta en un verdadero discípulo de Jesucristo, enviado por Él como Apóstol… a fin de que la Buena Noticia arraigue en la vida y en la conciencia de todos los hombres y mujeres de América Latina”(Discurso en la apertura de la XIX Asamblea del Consejo del Episcopado Latinoamericano Port-au-Prince, Haití, 9 marzo de 1983).
El tema “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida” es también una realidad teológica: Todos nosotros somos verdaderos discípulos y misioneros del Señor.
¿Cómo se realiza este discipulado y esta misión? En una reunión previa de los Obispos de Costa Rica sobre esta Conferencia General han observado: “… en nuestro continente, una gran cantidad de hermanos bautizados viven y actúan al margen de Cristo, sin que el Evangelio marque su vida, su pensamiento y su actuar, igualmente comprobamos el distanciamiento de muchos hijos de la Iglesia de la vida íntima eclesial sin experimentar una participación efectiva de los sacramentos, sin valorar, practicar o realizar la justicia como virtud cristiana… y sin vivir el mandamiento supremo del amor como nos lo recuerda el Santo Padre Benedicto XVI: “El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel…” (Deus Caritas Est, n. 20).
Los Obispos de Costa Rica observaron que: “esta porción del rebaño de Cristo, desespiritualizado y sin los fundamentos básicos de la doctrina cristiana, ha renunciado a incidir cristianamente de forma significativa en las estructuras sociales”. Se puede preguntar: ¿Dónde está el cristiano comprometido, donde estamos nosotros?
“La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano pretende llamar absolutamente a todos los hijos de la Iglesia en este continente de la esperanza a recapacitar y volver su mirada a Cristo, por tanto, a testimoniar con alegría el único mensaje de salvación, antiguo y siempre nuevo, del Evangelio de la vida y de la luz, de la esperanza del amor” (Cfr. Juan Pablo II. Ángelus 5 de enero del 2003, 3). “Hemos, pues, de volver la mirada a Cristo. La vida cristiana no puede ser otra cosa sino seguimiento de Cristo, pues, la fidelidad al Señor garantiza la eficacia de nuestro testimonio personal y eclesial: no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre, el que hablará por ustedes” (Mt. 10, 20).
Encomendamos la V Conferencia como toda la Iglesia a Dios y a San Isidro. Pidamos al Espíritu Santo, que asiste siempre a su Iglesia, que la gloria de Dios Padre misericordioso y la presencia pascual de su Hijo iluminen y guíen los trabajos de este importante evento eclesial a fin de que sea signo, testimonio y fuerza de comunión para toda la Iglesia en América Latina.
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Mons. Guillermo Loría Garita Datos personales Nació el 19 de noviembre de 1937, fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1963, y ordenado obispo de San Isisdro de El General el 1 de octubre del 2003. HOMILIAS DEL Mons. Guillermo Loría Garita
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