CLAUSURA DEL AÑO SACERDOTAL
Y 53 ANIVERSARIO DE RADIO SINAÍ
HOMILÍA DE MONSEÑOR GUILLERMO LORÍA GARITA
OBISPO DE SAN ISIDRO DE EL GENERAL
12 DE JUNIO DE 2010
Estimados sacerdotes, religiosos, religiosas. Estimados hermanos que nos acompañan aquí en esta explanada de la Radio Sinaí. Mi saludo a todos los que se nos unen en sus casas por medio de la Radio Sinaí y Radio Emús.
Bienvenidos queridos hermanos y hermanas a esta celebración eucarística en la que, como pueblo de Dios que peregrina en nuestra Diócesis, nos unimos para dar gracias por los dones que el Señor nos ha hecho a lo largo de este Año Sacerdotal, que ha promovido nuestro Sumo Pontífice el Papa Benedicto XVI.
“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo que en Cristo nos ha elegido antes de la constitución del mundo para ser santos y consagrados en su presencia por el amor” (Ef 1,3ss).
Queridos hermanos son varios los acontecimientos que se nos unen para esta celebración. Ya mencionamos que la razón fundamental de estar aquí es unirnos a toda la Iglesia para dar gracias y clausurar este año dedicado a la oración por los sacerdotes.
Con fecha 16 de junio de 2009 su santidad Benedicto XVI nos comunicó tan grata noticia en estos términos: “He resuelto convocar oficialmente un “Año Sacerdotal” con ocasión del 150 aniversario del “dies natalis” de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, que comenzará el viernes 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús –jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación del clero” .
También hoy celebramos la fiesta en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Hermoso marco de referencia para dar gracias a Dios por los 53 años de la Radio Sinaí. En su momento también vamos a bendecir esta hermosa imagen del Corazón de Jesús que se constituye en este imperecedero signo de este año de oración por los sacerdotes y también nos recordará este aniversario de la radio Sinaí.
El Señor nos acoge con su palabra. La idea del Pastor y su rebaño cruza los textos sagrados que hemos escuchado. “Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear” nos dice el profeta Ezequiel.
Quiero orientar mi plática haciendo primero referencia a la fiesta litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús. Ya sabemos que esta fiesta se inspira en uno de los símbolos más ricos de la Biblia: el corazón, que en la mentalidad bíblica es la parte más interior de la persona, la sede de las decisiones, sentimientos y proyectos. El corazón indica lo inexplorable y lo profundamente oculto de alguien, su ser más íntimo y personal. “El ser humano mira lo que está a los ojos, la apariencia, mientras que Yahvé mira el corazón”. (1 Sam 16,7)
Por eso cuando hablamos del “corazón” de Jesús estamos hablando de aquello que representa lo más íntimo y personal de Jesús, el centro interior desde el cual brotan su palabra y sus acciones. En este sentido “el corazón de Jesús” es una expresión que indica la misericordia y el amor infinito de Dios tal como se ha manifestado en la persona de Jesús.
El evangelio proclamado nos coloca delante del misterio inescrutable de la misericordia de Dios, a través de la parábola contada por Jesús. En ella se narra la experiencia de la reconciliación del ser humano con Dios que “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez 18,23). En esta parábola se expresa lo más íntimo y decisivo del corazón de Jesús: la misericordia y la gratuidad en favor del ser humano pecador.
Mientras los fariseos y maestros de la ley se mantienen a distancia de los pecadores por fidelidad a la Ley, Jesús anda con ellos, come y bebe y hace fiesta con ellos (Lc 15,1-3). Lo que choca a los maestros de la ley no es que Jesús hable del perdón que se ofrece al pecador arrepentido. Es sorprende la forma en que Jesús actúa, en lugar de condenar como los sacerdotes, come y bebe con los pecadores, los acoge y les abre gratuitamente un horizonte nuevo de vida y de esperanza.
La parábola de hoy se inspira en la imagen del “pastor” tan presente en muchos textos del Antiguo Testamento: En la Biblia la imagen del pastor es usada para hablar del cuidado que tiene Dios por su pueblo, mientras las ovejas descarriadas representan a todos aquellos que se han alejado de Dios: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a su redil, oráculo del Señor. Buscaré a la oveja perdida y traeré a la descarriada; vendaré a la herida, robusteceré a la débil...” (Ez 34,15-16).
Los cercanos y los lejanos tienen necesidad de ser buscados y encontrados por Dios. “Todos hemos pecado” (Rom 3,23), dirá San Pablo. Jesús proclama el gozo de un Dios que busca al ser humano para devolverle la vida. Aquella oveja es objeto del amor misericordioso de Dios
El ministerio sacerdotal
“El ministerio sacerdotal también está al servicio de la acción del Espíritu entre los pueblos, asumiendo responsabilidades misioneras en el discernimiento de la experiencia religiosa y cultural del pueblo a la luz de Cristo, en la inculturación y en la animación misionera “ad gentes” en las Iglesias particulares”, nos decía Benedicto XVI en una de sus alocuciones.
¡Que oportuna ha sido esta ocasión para que nosotros, no importa el tiempo que llevemos ejerciendo el ministerio sacerdotal, nos demos a la noble tarea de valorar lo que somos! A la sociedad actual le cuesta valorar lo que no se ve. A pesar de tanto clima social adverso a nuestro sacerdocio, este tiempo ha sido de gracia. ¡Cuántas muestras de cariño y de fraternidad de parte de los laicos!. ¡Cuánto esfuerzo por parte de nosotros por hermanarnos en nuestros servicios pastorales!. ¡Cuánta iniciativa por rescatar todo lo que se puede para que nuestro ministerio sacerdotal no sea ejercido en la soledad sino en la fraternidad sacerdotal!
Al mundo le ha costado, le cuesta y le costará comprender nuestro estilo de vida. Vivamos llenos de gozo el ejercicio del ministerio sacerdotal. Como bien lo ha dicho san Agustín, comentando a San Pablo que nos exhorta a estar alegres en el Señor, “… viviendo en el mundo, nos alegramos ya en el Señor¨.
Queridos sacerdotes, no dejemos que las múltiples ocupaciones nos quiten el tiempo que se necesita para la oración, para la meditación, para el compartir entre nosotros, para escuchar a nuestros feligreses y todos aquellos que andan sedientos en búsqueda de Dios.
Este año sacerdotal nos conduce a preguntarnos por nuestro sacerdocio. ¿Cómo lo vivo?, ¿cómo lo proyecto?, ¿cómo creo que lo percibe la gente? ¿Cómo creo que se siente Dios, que nos ha llamado? ¿Soy feliz en mi sacerdocio? En nuestro interior hermanos demos respuesta a estas interrogantes que son propuestas por el pastor de ustedes que también se las hace e intenta sinceramente responderlas con humildad.
No quisiera que al cerrar este año también dejáramos de vigilar y cuidar nuestro ser imagen de Dios, somos hijos de Dios y en su infinito amor nos ha llamado a ser sus ministros. ¡Qué gran dignidad! ¡Qué gran regalo!
En su momento ya compartía con todos ustedes, queridos sacerdotes, cómo el Señor nos ha demostrado su presencia entre nosotros. Nos ha permitido vivir acontecimientos que nos han llevado a incentivar la vida de oración unos por otros, nos ha enfrentado con el dolor vivido por nuestros compañeros sacerdotes enfermos. Pero Dios no nos ha dejado solos. Hemos tenido que afrontar situaciones que duelen como la partida de nuestros compañeros que han decidido otro estilo de vida, sin embargo hemos de seguir adelante. Este año sacerdotal es para que todos nos percatemos de que seguimos peregrinando y que nos necesitamos unos a otros. No nos alejemos. Fortalezcamos la amistad verdadera entre los sacerdotes y cuidemos este Don maravilloso que Dios nos ha confiado.
Yo me siento orgulloso de ustedes sacerdotes, que son junto al pastor, viva expresión de la Iglesia que hace presente a Jesucristo en el mundo. Junto a las y los religiosos y este numeroso grupo de laicos comprometidos nos toca “ser el buen olor de Jesucristo” , como nos lo dice el apóstol . Queridos sacerdotes, el obispo siente el sufrimiento y las preocupaciones de todos ustedes. Desde mi condición ¡como deseo que descubran lo que se guarda en el corazón del pastor! No es fácil, muchas veces complacer a todos en sus expectativas. Todos tenemos nuestras limitaciones y esto opaca la belleza del ministerio que se nos ha confiado y que estamos llamados a ejercer con amor y alegría.
Queridos sacerdotes, en el corazón de la Iglesia vivamos confiados en el amor de Dios manifestado en la Devoción al Corazón de Jesús.
Le pedimos al Señor Jesús con toda humildad y con todo entusiasmo que nos ayude a ser lo que El quiere que seamos.
Queridos sacerdotes, durante este año de gracia, hemos recogido el testimonio admirable de san Juan María Vianney, pero todos estamos de acuerdo que en nuestra Diócesis tenemos en el que tenemos sacerdotes, discípulos misioneros del Buen Pastor, que nos han precedido en el ministerio, han sembrado la Palabra de Dios, y han dado la vida. Aunque en otros momentos lo he dicho, no dejo de hacerlo nuevamente: reconocer esta encomiable labor pastoral y administrativa que han marcado el camino de esta Diócesis.
RADIO SINAI Y SU 53 ANIVERSARIO
No me detendré en subrayar la importancia que hoy tienen los Medios de Comunicación Social, potenciados y multiplicados por las nuevas tecnologías. Esto lo sabemos todos. Hay que aprovechar todas las ventajas de los medios para difundir la Buena Noticia de Jesucristo. Es el propio Magisterio de la Iglesia el que, se esfuerza en sensibilizar a toda la Iglesia para que responda adecuadamente a los desafíos de este tiempo. Es nuestro deber, pues, caminar hacia adelante con creatividad y fe en la acción del Espíritu Santo, que es el protagonista de la Nueva Evangelización. Recientemente hemos celebrado la Jornada Nacional de las Comunicaciones Sociales. De nuevo el llamado a que se haga un correcto uso de tanto medio de comunicación disponible, vuelve a resonar.
El mundo de los Medios, en esta sociedad consumista y materialista, jamás debe ignorar el sentido religioso presente en toda persona. Hoy los Medios de Comunicación han incorporado todo tipo de mensajes que pretenden responder a esa sed de espiritualidad y de sentido que no ha desaparecido en las personas de hoy. Sólo que, como indicaba el Cardenal Razintger durante la presentación del documento “Dominus Iésus”, nos encontramos en la era del “pensamiento débil”. Nuestros Medios de Comunicación han de contribuir a formar la conciencia crítica de las personas y llevar a todo ser humano al “encuentro con el Señor”.
Grave omisión no hacer una referencia explícita a nuestra Radio Sinaí hoy en sus 53 aniversario. Gracias a Dios está entre nosotros uno de sus pioneros. Me refiero al padre Álvaro Coto Orozco. Comentar sobre la Radio Sinaí, para algunas generaciones aquí presentes, es devolvernos en la historia y recordar la década de los años 50. Tal como lo indica el mismo padre Coto en sus “Apuntes sobre el Desarrollo Pastoral de la Diócesis de San Isidro”, leo textualmente: “Otro factor que ayudó mucho para llevar el pan de la palabra de Dios a las almas fue Radio Sinaí. El Padre Gonzalo Jiménez Araya, uno de los pioneros de la Radio y de la Prensa escrita en San Isidro, secundado de un grupo de personas se abocaron a la empresa de montar una radio Católica. Después de ardua labor para conseguir los medios económicos necesarios, Radio Sinaí salió al aire por primera vez el 12 de mayo de 1957 en prueba y el 11 de junio del mismo año, a las 6 de la tarde fue inaugurada. Las obras que el padre Jiménez emprendió por medio de la Radio fue el de las escuelas radiofónicas de catecismo. En cada comunidad reclutó catequistas entre las hijas de María y otras personas a quienes proveyó de un receptor de Radio para que estas catequistas reunieran a los niños en los días y horas indicadas para oír lecciones de catecismo que el padre desde los estudios impartía”.
De ahí en adelante son los pobladores de este hermoso valle del General los que mejor testimonio pueden dar de lo que significa esta Radio Emisora. El desarrollo del cantón y muy probablemente la zona sur en general ha crecido de la mano con la Radio Sinaí.
Creo que ha sido y será la Emisora del Pueblo. Con ella se ha identificado el pueblo católico pues la Radio Sinaí ha dado lugar a la cultura, a la formación no solo religiosa sino la formación en sentido amplio. La Radio Sinaí es alegre con sus programas mañaneros que son fiel compañía del sector campesino y trabajador desde tempranas horas en la madrugada. Gracias a quienes han estado en la dirección de ésta que hoy podemos llamar Empresa de Servicio en la comunicación, se tiene alcance nacional. Se sigue siendo una Emisora de programación variada y esto permite que sin perder la identidad propia de ser un medio de comunicación eclesial, ofrezca variedad formativa e informativa.
La Radio Sinaí necesita de nuestro apoyo en todo aspecto. Ojalá que los grandes proyectos de fusión de Medios de Comunicación no lleguen a exterminar lo que es fruto del trabajo y esfuerzo de tantos hombres y mujeres visionarios que dieron lo mejor de sí en su tiempo, para que hoy nosotros tengamos lo que se posee.
Apoyar la Radio Sinaí es brindar también nuestro apoyo y reconocimiento a quienes en su tiempo prepararon el terreno y sembraron la semilla. Hoy nos toca a nosotros velar por ese terreno y seguir abonando la semilla para seguir cosechando. Detrás de nosotros vienen otras generaciones que merecen también como nosotros recibir como una antorcha encendida lo que a su vez nosotros hemos heredado. Aboguemos por dar lo mejor. Siempre en condiciones dignas del cuidado que se le brinda a lo que es de la comunidad.
Gracias a quienes han trabajado y a quienes están trabajando por la buena marcha y proyección de esta Radio que es todo un símbolo que identifica esta Diócesis. Gracias a todos los que con su patrocinio publicitario hacen posible la programación y gracias a todos los que también sintonizan esta emisora y se cultivan con la transmisión de la Eucaristía y toda la programación en general. Nos corresponde a todos velar para que esta Emisora no llegue a desaparecer sino más bien que cada día tenga más alcance. Por eso les pido todo su apoyo tanto a los que están aquí como a todos los que nos siguen en sus casas.
Finalizamos con la bendición de la Imagen del Corazón de Jesús que como lo indicamos al comenzar, es el signo visible y esperamos que no sea destruido, de lo que ha significado este año sacerdotal. El Corazón de Jesús ha de ser este en quien nos aseguramos la vida, no para huir del mundo sino para encontrar fuerzas y vivir la fidelidad a nuestras promesas bautismales y sacerdotales. En una palabra, las promesa de todos los cristianos.
Queridos sacerdotes, y hermanos todos, tengan presente que siempre los encomiendo a cada uno de ustedes a la ternura maternal y a la intercesión de María, la Virgen. Con ustedes y por ustedes rezo; con ustedes y por ustedes lucho y sufro; con ustedes y por ustedes canto las grandezas del Señor porque ha hecho y sigue haciendo maravillas y su nombre es santo. Así sea.