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HOMILÍA CON OCASIÓN DE LA ENTREGA DE LA MISSIO CANONICA

Catedral de San Isidro de El General, 30 de Abril de 2009

Queridos sacerdotes, distinguido Padre Luis Alejandro Rojas Director del Departamento de Educación Religiosa
 
Queridos maestros y maestras, profesores y profesoras de Religión. Personal docente de las diferentes regiones que nos acompañan en esta mañana. Muy distinguida Señora Marlene Valenciano Valverde.
 
Hermanos todos  en Cristo resucitado.
 
Nos hemos reunido en esta catedral para celebrar y dar gracias al Señor por el don de la vida y los inmerecidos regalos que nos hace constantemente.
 
Haciéndonos eco de la palabra de Dios proclamada, Jesús reafirma que Él es el pan de vida. Si los antepasados que comieron el maná en el desierto murieron, ahora quienes coman del nuevo pan de vida plena participarán de la resurrección. Aquí la resurrección no se entiende, como lo entendían en la  mentalidad de los fariseos, es decir como un premio por el estricto cumplimiento de la ley.
 
Con Jesús la vida en abundancia es fruto de la configuración con él y con su proyecto histórico.
 
Participar del proyecto de Jesús es asimilar los valores de su mensaje, las razones de su lucha, la obediencia incondicional al proyecto salvador de Dios, y los riesgos que se corren como consecuencia de un compromiso radical. No se puede ir tras de Jesús sólo por conveniencia o simple tradición; ésa es la característica de una fe desencarnada, lejana a toda opción auténticamente cristiana.
 
Hoy, cuando la vida en el mundo se ve amenazada, sí que es necesario optar abiertamente y con radicalidad por la causa de Jesús: El reino de Dios, donde los seres humanos, especialmente los pobres, tengan vida en abundancia.
 
Pongamos en las manos del Señor a tantos millones de seres humanos que viven en condiciones de miseria extrema, y a quienes mueren de hambre ante la indiferencia del mundo. Ellos son el motivo en el horizonte para optar por el compromiso cristiano en favor de la vida, la justicia y la paz
 
Hoy también estamos contentos porque celebramos la   primera entrega de la “missio canónica” en nuestra Diócesis. Es un día histórico.
 
¿Que es la Missio Canónica? Es el envío oficial que hace el obispo de la diócesis a personas que se han capacitado para ejercer la tarea de enseñar en nombre de la Iglesia. Quien recibe la Missio Canónica, realiza la tarea que la Iglesia le encomiende en el Centro Educativo. Esto le vincula de un modo especial al obispo que en la Diócesis es quien tiene la función autorizada de enseñar en nombre de la Iglesia universal.
 
Quien recibe la Missio Canónica recibe la facultad para enseñar la doctrina  Católica en el Centro escolar.
 
En esta celebración de manera directa, Doña Marlene recibe el envío y el encargo para enseñar en nombre de la Iglesia.
Así también todos los que se desempeñan en los centros educativos como responsables de fortalecer la fe y la doctrina cristiana según los lineamientos de la Iglesia.
 
La tarea encomendada a Doña Marlene y a todos los educadores en materia religiosa es un verdadero ministerio eclesial. Son enviados por la Iglesia. Como los mismos apóstoles, también ustedes son enviados hoy por el mismo Señor a través de mi persona como obispo de esta Diócesis, al anuncio de la Buena Noticia a todos los alumnos que están bajo su cuidado.
 
Esta celebración nos debe llevar a todos a adquirir una conciencia más viva de esta  condición de enviados por Cristo y por su Iglesia al mundo escolar. Y como enviados deben ser servidores fieles  del Señor y de su Palabra tal como nos llega a través de la tradición viva de la Iglesia, en bien de la educación integral de sus alumnos.
 
Se trata de un verdadero don, recibido de Dios, y una tarea, que, en palabras de San Pablo, no es otra sino evangelizar sin alardes literarios para que no se desvirtúe la cruz de Cristo (1 Cor 1, 17). Porque no son dueños, sino servidores de la Palabra; y de quien sirve se pide que sea fiel a la tarea encomendada y solícito para que la Palabra llegue plena e íntegra al destinatario.
 
Aprovecho este momento para expresar a los maestros y  profesores de religión mi más sincero agradecimiento por el trabajo que desempeñan en las diferentes escuelas de las regiones a las que pertenecen. Les agradezco la entrega generosa que día a día demuestran en sus respectivos ambientes educativos. Llevan a cabo una hermosa tarea, que ayuda a sus alumnos a crecer en el conocimiento de Dios, de Jesucristo y de su Evangelio, que les ayudará a dirigir sus vidas por el camino que Dios les ha señalado.
 
En la labor educacional que ustedes como maestros y profesores desempeñan, también juegan un papel preponderante los padres de familia. Los padre de familia al escoger la formación religiosa católica para sus hijos, depositan en la Iglesia Católica su confianza para que sus hijos reciban la formación adecuada tal y como la entiende la Iglesia católica. Depende, pues, de la autoridad de la Iglesia determinar la formación religiosa católica, sus contenidos y su pedagogía; y compete al Obispo diocesano organizarla y ejercer vigilancia (CIC. c.804).
 
Por eso es que el obispo como responsable del lugar debe cuidar que los maestros y profesores de religión destaquen por su recta doctrina, por su aptitud pedagógica y por el testimonio de vida cristiana (CIC c. 804 & 2). Cuando los padres de familia envian a sus hijos a las clases de religión, dicho sea de paso, hoy pareciera que es un grupo minoritario, piden esta enseñanza con la confianza de que se les garantice la idoneidad de sus profesores. Sobre todo en este tiempo en que la solicitud por la educación cristiana en vez de crecer, disminuye, en muchos casos cuando llega la clase de religión el aula queda casi vacía.
 
La formación religiosa católica, que imparten, pide que estén identificados con lo que enseñan. La libre opción para ser Maestros o profesores de religión no puede basarse en el mero deseo de completar un horario ni tampoco en tener un puesto de trabajo seguro y remunerado. No se pueden limitar tampoco a ser meros especialistas conocedores de la materia. El profesor de religión católica es, sobre todo, un creyente católico y testigo de su fe, que quiere enseñar en nombre de la Iglesia la Buena Noticia de la salvación de Dios que se ha manifestado en Cristo y su Evangelio; es un maestro o profesor que quiere transmitir la realidad viva de Dios, que posibilita la dignidad, grandeza, verdad y libertad del hombre, es decir su salvación, y que le hace protagonista en la construcción de su Reino y da sentido a su vida.
 
Como profesores de religión participan de una manera específica de la misión evangelizadora de la Iglesia. La Iglesia ha sido elegida por Dios para continuar la misión de Jesucristo, que no es otra que evangelizar, hacer presente y operante a Cristo y su Evangelio, para que el Reino crezca como el grano de mostaza y transforme al hombre y a la sociedad.
 
Si ya por ser cristianos son llamados y enviados a proclamar a Cristo y su Evangelio de palabra y por el testimonio de vida, como maestros y profesores de religión son elegidos y enviados por el Obispo para enseñar en nombre suyo y de la Iglesia. En esta misión proclaman con su vida, con su palabra y con su específica enseñanza la comunión con Dios en el seno de la Iglesia que les otorga esta dignidad de enseñar. En esta tarea ustedes trasmiten no sólo conocimientos sino ante todo vida, la vida que hace posible este proyecto que da sentido, dignidad y libertad.
 
La naturaleza misma de la formación religiosa católica y la naturaleza del maestro o profesor de religión, como cristiano católico elegido para participar en la misma misión de la Iglesia, exigen que exista coherencia entre la vida y lo que se enseña.
 
El maestro o profesor de religión  católica no imparte su propia enseñanza ni una formación entendida a su manera sino la enseñanza católica y la formación cristiana tal como la entiende la Iglesia y la demandan los padres.
 
Como educador que fui en escuelas, colegios y Universidades, No desconozco la situación difícil en la que deben llevar a cabo la  tarea educativa. La palabra de Dios, que hemos escuchado, nos tienen que animar a hacer frente con esperanza y valentía a toda adversidad. Nunca se nos dijo que la tarea sería fácil. La palabra de Dios  es fuerza en la dificultad. Las enseñanzas de Jesucristo, su vida y su persona son fuente de valores, de vida y de cultura.
 
Ante una cultura que en muchos casos presenta antivalores propuestos como nuevos ídolos o referentes vitales, el anuncio del acontecimiento de Jesucristo en la Iglesia, va contra corriente y exige una respuesta  personal y  comprometida. Ante los síntomas de debilitamiento de la fe, dudas y desorientación en el camino, los testigos de la Palabra, es decir todos nosotros, debemos estar a la escucha de Aquel, que nos envía: El es la Palabra viva, la fuerza y la esperanza.
 
La enseñanza religiosa se enfrenta hoy a nuevos retos en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Lo que se nos pide es que la enseñanza en la nueva evangelización no sea sólo hablar de Cristo hacerlo ver. En este sentido, la fe y la razón deben ir unidas al testimonio, a fin de que la transmisión de la fe pueda ser personalizada y vivida. Del Evangelio emerge el rostro de Cristo que hoy debemos transmitir con la humildad y disponibilidad de aquel que sabe que el hecho revelado y recibido en la comunidad  de creyentes es gracia que viene del Padre.
 
Hoy es necesaria una propuesta de la fe que integre la fe y la vida, que dialogue con la cultura y que promueva una nueva síntesis que muestre la fuerza humanizadora de la fe. Así se comprende que el anuncio de la fe debe ir unido a la educación del ser humano, para que el mensaje de la fe pueda ser acogido en la vida, pueda generar cultura, y entre en la historia.
 
La prioridad de la Iglesia debe centrarse, por ello, en el anuncio de Cristo. Él mismo se presenta ante el corazón y la libertad de todos como una compañía humana que se puede ver, tocar y escuchar, y que nos recuerda que la vida tiene un sentido y nos llama a descubrir nuestra dignidad de hijos de Dios. La transmisión de la fe conlleva la renovación permanente de los cristianos, discípulos y misioneros, conlleva redescubrir la sencillez del mensaje de la fe y conquistar la verdadera libertad cristiana en un mundo que quiere imponer sus valores.
 
Jesús nos pide como a Pedro: “Rema mar adentro, y echad las redes para pescar” (Lc 5,4). Puede que como Pedro seamos escépticos, en la situación cultural que nos encontramos. Pero, como Pedro, decimos esta mañana: “puesto que tú lo dices, echaremos las redes” (Lc 5,5).” (Lc 5,4). Puede que como Pedro seamos escépticos, en la situación cultural que nos encontramos. Pero, como Pedro, decimos esta mañana: “” (Lc 5,5).
 
Volvamos nuestra mirada al Señor, confiemos en su palabra y en su presencia en medio de nosotros. El nos dice esta mañana: “remen mar adentro” y “echen de nuevo las redes” en vuestra hermosa tarea de anunciar a Cristo y su evangelio en la escuela: Cristo y la Iglesia los están llamando y los están enviando.
 
Frente a cansancios y temores, ante una situación religiosamente adversa o simplemente indiferente a la propuesta del Evangelio, acojamos la invitación del Señor, fiémonos de su palabra y se hará posible lo que humanamente parece impensable. Fiados de su palabra avivemos nuestra confianza en Él y retomemos el aliento necesario para el camino.
 
¡Que Santa María, la Virgen, que supo acoger con fe y obediencia la Palabra de Dios y transmitirla a los demás sea el modelo en nuestra misión! ¡Que ella les aliente, les conforte y les proteja! Amén.

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