
Pbro. Dr. Victor Hugo Munguía Castro |
La mañana de este miércoles el clero diocesano de San Isidro de El General continuó con sus reflexiones
En el tercer día de la Semana de Actualización Teológica para el clero diocesano de San Isidro de El General, se reflexionó sobre “el ejercicio del ministerio sacerdotal en nuestros días”. El Presbítero Doctor en Teología Bíblica, Víctor Hugo Munguía Castro, con amplia experiencia en el campo de la formación de los nuevos sacerdotes fue quien dirigió la temática, iniciando con una afirmación fundamental: “estamos en el ministerio por pura gracia del espíritu”, y se trata de un verdadero milagro.
Para los sacerdotes, explicó, este milagro depende de una concepción teológica clara: “sin una certeza clara y limpia de lo que es el ministerio sacerdotal, no sería posible su ejercicio”.
Esta certeza, según explicó, pasa por la conciencia de que los sacerdotes son “gente enraizada en la sucesión apostólica”, y que el ministerio sacerdotal se inscribe en referencia al mismo Jesucristo quien creó una comunidad antes de la Pascua, aglutinó la comunidad después de la Pascua y luego la envió. De ahí que el sacerdote debe ser “transparencia de Jesucristo” como referencia de origen, y la “referencia de destino son nuestros hermanos” a quienes servimos
Por otra lado, el Padre Munguía habló a los sacerdotes sobre la “conciencia de nuestra pobreza y fragilidad”, pero esto también con la seguridad de que es Dios mismo quien “fortalece nuestras rodillas vacilantes”. En la actualidad, vivimos en un ambiente secularizado donde el sacerdocio “no es rentable ni atractivo; mucha gente piensa que vivir sin Dios es la forma libre de desarrollar su historia; de ahí que es imprescindible enseñar a la humanidad que ésta tiene un fundamento que no falla: DIOS”, puntualizó.
Para Munguía, el sacerdote debe “evitar la trampa de pensar que nuestro ministerio se puede ejercitar como cualquier otra actividad ajena a Dios”, además de evitar la tentación de la fama y el aplauso: “el bien no hace ruido, el ruido no hace bien”, comentó.
La identidad sacerdotal fue un elemento que se tomó con fuerza para la reflexión de los sacerdotes diocesanos. Al respecto, el Padre Munguía dijo que “somos ícono de Jesucristo; es nuestra identidad alimentada con el servicio, la oración y la fraternidad”. En este sentido afirmó que “nuestra fe se custodia en la iglesia; también es importante que el ejercicio del ministerio sacerdotal se realiza dentro de la iglesia, y que a la iglesia local se ama como a una madre, sea cual sea su talla o figura”.
El sacerdote, además, debe ser consciente que en la iglesia no predicamos un mito, sino una humanidad divinizada: “como apóstoles hablamos de Cristo constituido Señor y Mesías; somos testigos de los ideales del Reino, además de ser un regalo del Padre para su Hijo” (cfr. 17,6), finalizó. |