Pbro. Benigno Barboza Marín
Sirvió con amor en las extensas parroquias del sur de nuestro país.
Sirvió con amor en las extensas parroquias del sur de nuestro país.
Durmieron a campo raso, con hambre, solo con la única ilusión de llegar a las comunidades indígenas para alimentarlas con el pan del Evangelio.
Mientras servía en Talamanca, cruzó la cordillera para visitar nuestros territorios, concretamente: Térraba, Boruca y Buenos Aires.
De temperamento vivaracho, independiente, inquieto… el aire informal y libre del ambiente indígena siempre le encantó.
Con corazón de niño y valor fiero e inquebrantable, prendas que no siempre se hallan juntas, lo enaltecían sobre manera.
La poca consideración que se tenía a sí mismo cuando de hacer el bien a sus semejantes se trataba, fue la causa de que contrajese la grave enfermedad que lo llevó al sepulcro en poco tiempo.
Primer sacerdote ordenado para la recién formada Congregación Franciscana de Cristo Obrero.
De marcado espíritu franciscano, entrega su vida como Maestro de Novicios en la reciente congregación fundada, de los Franciscanos de Cristo Obrero.
Sirve con pasión y olor a santidad entre los indígenas y más necesitados, los últimos años de vida sin perder su entrega y amor, los vive con paciencia mientras un cáncer poca a poco mina sus fuerzas.
Gestor del desarrollo de San Vito, marcó la vida de la pastoral, la educación y la radiodifusión.
Misionero de fuerte espíritu que nunca se vio detenido por las circunstancias más adversas, hombre recto y exigente en sus cosas, sumamente responsable y apasionado de su misión.
Pastor abnegado que apoyó a los apostolados y se preocupó de su formación, gran constructor que se interesó por la infraestructura del centro y de sus comunidades.