Padre Chemita: testimonio de humanidad, sacerdocio y vida religiosa (IV Parte)

Como hemos visto, la obra que Dios ha hecho en nuestro querido Padre Chemita es imborrable, yo quisiera terminar esta cuarta entrega con una frase que él mismo escribió en su libro, cuando piensa en todos aquellos que de distintas formas no han creído en la obra a lo largo de los años; en este pensamiento se resume una gran verdad, verdad que describe el inmenso valor del testimonio y gallardía de Chemita; con gran humildad, él dice: “si de todo lo anterior, sólo se hubiese alcanzado la ordenación de un presbítero y éste, sólo hubiese celebrado una vez la Santa Eucaristía, antes de partir de este mundo, mis sacrificios y pequeñas humillaciones, así como la paciencia practicada, estarían ampliamente compensadas, pues la misma es de valor infinito”.

Hoy, Padre Chemita, si me he dado a la tarea de intentar hacer una síntesis de tu vida, no es por otra cosa, que por el testimonio inmenso que nadie podría ignorar o querer diluir en la historia, en tu vida se cumple aquel perfectamente aquel Salmo 118 que dice: “sin que hable, sin que pronuncie, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y el límite del orbe su lenguaje”; querido Padre, tus sacrificios y humillaciones, tu entrega y testimonio ha sido abono fértil en las tierras del Sur, tus manos han labrado el campo dichosamente y el Evangelio ha sido conocido por medio de tu propia vida. ¡No dudes de eso! Hoy, eres testimonio sacerdotal para cualquier presbiterio, cercanos al Jueves Santo.

Infinitos son los testigos de tu obra, la huella que has impregnado a lo largo del ministerio es clara, somos muchos los que podemos rendir fiel criterio sobre tu entrega; por eso, quiero compartir con ustedes, queridos lectores, algunos de los muchos testimonios que podríamos documentar. En esta oportunidad, quisiera empezar con Fray Jorge Sanabria, fraile de su Congregación, quien nos dice: “lo primero que supe del Padre Chemita, fue cuando andaba yo con inquietudes vocacionales, me gustaba leer el Eco Católico que siempre llegaba a mi casa y vi un reportaje de un humilde sacerdote de la Zona Sur (San Vito), continuador de la humilde obra de Fray Casiano en su trabajo con los niños en riesgo social y el trabajo pastoral desde las parroquias; cuando entré a la Congregación de Hermanos Franciscanos, mi deseo era conocer aquel sacerdote del cual había leído en el Eco, en mi primer encuentro con él me sorprendió, tenía una presencia mística, su hablar prudente y pausado, me miró por encima de sus lentes como hacía casi siempre y me dio la bienvenida; siempre hemos creído (los hermanos y yo) que el continuador de la obra de Fray Casiano tenía que ser otro hombre de Dios, yo no le perdía palabra, porque los hombres de Dios siempre hablan con una sabiduría divina, nos gustaba cuando nos contaba sus peripecias en su visita a las comunidades a caballo donde algunas veces les agarraba la noche o se crecía un río y tenía que dormir a la intemperie, nunca faltaba a la hora del almuerzo o cena algún chiste que nos hacía reír a todos y hacía más amenas esas horas… Ahora en su enfermedad y limitación, me admira más su entrega a la voluntad de Dios, él dice estar dispuesto a lo que Dios quiera, el padre ansía encontrarse con Aquél al cual ha entregado toda su vida, sé que Dios le tiene preparada la corona merecida y sé que cuando el Señor lo llame, él y Fray Casiano velaran por nuestra humilde obra allá en el cielo, obra que le ha costado noches en vela y lágrimas, por levantar la obra de fray, cuántas incomprensiones, críticas y persecuciones, pero no se dejó intimidar y hoy esta pequeña obra ha dado frutos…; la memoria de Fray y del Padre Chemita seguirán vivas aun cuando ya no esté con nosotros, porque la obra continuará con la ayuda de Dios como hasta el momento… de él aprendí una frase que me encantó: no nos preocupe hermanos lo poco y pequeños que somos, aliéntenos el bien que hacemos por Dios«.

Un feligrés de Sabalito, de nombre José López Retana, con palabras muy elocuentes señala cómo este fraile y sacerdote era y es un apasionado de su vocación: “el Padre Chemita es un hombre de Dios, al principio le tenía miedo, luego entendí que era su ahínco por su labor lo que le hacía parecer temeroso; sin embargo, cuando pasó el tiempo, vi su entrega, su pasión por lo que hacía y su gran amor a Dios, bautizó mi primer hijo, y compartí muchas actividades en la iglesia de Sabalito que luego pasó a ser parroquia, Padre Chema gracias por haber sido mi pastor y por haber escrito muchas líneas en mi libro de la vida…”

Guillermo Hernández, feligrés de Pérez Zeledón, nos cuenta que no se requiere compartir muchos momentos para percibir su riqueza espiritual; al respecto nos dice: “el Padre Chemita es un hombre humilde, de vocación íntegra, reservado, pero muy dispuesto al servicio a sus fieles; si bien lo he tratado poco, le admiro pues hasta hace unos tres años atrás colaboraba en la parroquia de Lourdes celebrando la Eucaristía a pesar de su limitación física, a causa de los años. A finales del año pasado logré verlo y saludarle, y me dijo: «aquí estoy, ahora caminando muy despacio». El Padre Chemita, un buen amigo, un gran sacerdote y un elegido hijo de Dios para su servicio sacerdotal…, un fraile fiel a su congregación, humilde y obediente con sus votos. Mi cariño por siempre para él”.

Si le recuerdan como fiel a su congregación y obediente a sus votos, es preciso que podemos conocer el testimonio de otro fraile hermano suyo, Fray William Gamboa, quien dice: “el Padre fue el que me acogió siendo Superior en la Congregación y él para mí ha sido el testimonio en mi vocación, él fue mi maestro, mi consejero, él ha sido mi hermano durante estos diez años y ha sido el que día con día me ha dicho lo que hace bien y lo que hace mal, y lo dice con toda autoridad; es una persona a la que le tengo confianza, siempre está dispuesto a escucharlo a uno… Chemita me enseñó a mí a confiar en la Divina Providencia, siempre me dice que Dios cada día nos dará y nada nos tenía que faltar, cuando a veces no había comida yo me desesperaba… y un día le dije padre para mañana no hay nada, y él me decía: confía…, recuerdo que esa vez había un saco con comida en la puerta del convento, desde ahí creo en la Providencia. Como sacerdote… él siempre, cada día celebra la misa; como religioso, un excelentísimo hermano; una persona muy sabia que aún en su lecho de enfermo sigue enseñando”.

Hombre sabio y prudente, hombre trabajador y visionario…; cómo poder mezclar todo esto en la vida de un ser humano, en la vida de un sacerdote cargadísimo de trabajo, es aquí donde Marisol Pitty Padilla, vecina de la Lucha de Sabalito, quien recuerda haber conocido al Padre Chemita cuando ella era niña, nos da su testimonio y nos aporta una característica que identificó al Padre Chemita y que sin duda impactará, pues siempre tenía tiempo para su gente, el cómo hacía parece no tener explicación humana, eso sin duda viene de Dios, ella así lo narra: “cuando estuvimos en Panamá yo lo escuchaba en la misa que se transmitía por Radio Emaús…; le recuerdo una vez que venía a celebrar misa, llegaba siempre muy temprano, nosotros aún cogíamos café en el cafetal que esta junto al templo, llegó con una gran sonrisa y nos acompañó un rato…; recuerdo haber hecho con él la primera comunión, nos pidió hacerla con el uniforme de la escuela para que no se hicieran gastos de más; Chemita era un padre cercano a su rebaño, a pesar de tener a cargo toda la zona, él sacaba su tiempo para cada pueblo y estaba cercano a la realidad que vivía cada comunidad…”

Marielos Quirós, también vecina de Sabalito, describe al Padre Chemita como “un hombre humilde, sencillo, luchador, esforzado, trabajador. Una persona que desde muy joven ha tenido que enfrentarse a grandes dificultades, pero quien con su inquebrantable confianza y amor a Dios ha sabido salir adelante ante las adversidades. Es un hombre de fe, un sacerdote que se ha desgastado en el servicio a Dios, a la Iglesia y a sus hermanos. Un sacerdote con un gran amor a la Madre de Dios, María Santísima y una especial admiración por San Francisco de Asís y la obra de Fray Casiano de Madrid”.

Así, podemos decir que estos grandes hombres de la historia, hombres fuertes en lo espiritual son muy conscientes y preocupados por lo que viven sus semejantes; es acá, donde podemos ubicar el testimonio conmovedor que nos lo regala una joven cotubruseña vecina de San Vito, Antonieta Gamboa, lo describe así: “un mentor, líder indiscutible de la Iglesia Católica en todo Coto Brus… Querídisimo por el pueblo, consejero y abogado de infinidad de causas, que tal vez en algún momento se creyeron perdidas…, con sus palabras fuertes pero certeras, seguramente encaminó matrimonios, familias, jóvenes y ni me imagino a cuántas personas ayudó en el último suspiro, para entregarse con fe ciega en los brazos del Señor…; Él me bautizó, me confirmó y hasta me di el lujo de que me casara hace unos años atrás… Al menos mi familia y yo, lo apreciamos infinitamente”.

Y quién mejor que el mismo Mons. Ignacio Trejos Picado, para que nos cuente cómo se puede describir al Padre Chemita: “para mí es un símbolo de fe y de esperanza, de superación, y de amor a Dios en los hermanos; recuerdo que estando yo de cura encargado de Calle Blancos, una tarde de febrero del 59, llegó Fray Casiano con un muchacho como de unos 20 años, delgado y alto…, y me contó que había fundado la Congregación, que Mons. Sanabria le había dicho: no piense solo en usted, piense que somos de la muerte, usted debería fundar a quienes reciban su obra tan maravillosa, obra que realizó en Puntarenas y que debía esparcirse en toda Costa Rica; y me presentó a Chema: aquí le traigo a uno de los que he reclutado…, ¡qué iba a saber que comenzaba una historia en donde Dios también contaría conmigo… no me iba a imaginar que luego nos encontraríamos en Pérez, y que íbamos a estar tan unidos como lo fue en esta bendita obra del Hogar AMA…; sabemos de la paciencia y humildad del Padre Chemita, sabemos del amor con que ha consagrado su vida al ministerio, sabemos del ejemplo que nos ha dado y nos sigue dando con esa enfermedad que está sufriendo; y creo que la posteridad, celebrará la memoria de esta gran obra y de este franciscano de corazón”.

Así, podríamos seguir contando uno tras otro, testimonio de riqueza espiritual. Finalmente, no puedo callar mis palabras; para mí, Chemita ha sido un testigo de la caridad y ejemplo de pobreza, hombre heroico que no ha claudicado en sus luchas y que ha dado testimonio de perseverancia y servicio; para mí, Chemita es aquel que también inspiró a tantos (entre los que me cuento) para decirle al Señor que sí; para mí, Chemita es aquel que logra con su vida que el silencio grite a los cuatro vientos las verdades más esenciales del Evangelio con potente voz sonora; para mí, es aquel que dejó huella en Coto Brus y en la Orden, porque supo amar a ejemplo de Cristo Obrero; para mí, es aquel que pudo llevar tanto trabajo y responsabilidad sobre sus hombros, porque como Jesús supo alejarse a la montaña a solas a orar, así lo recuerda la religiosa Damaris García, cuando siendo niña, le dejaba el almuerzo junto a un arbusto, donde alguna hora Chemita saldría de la montaña donde se encontraba en profunda oración.

Por eso, querido Padre Chemita, tú dijiste que “si de todo lo anterior, sólo se hubiese alcanzado la ordenación de un presbítero y éste, sólo hubiese celebrado una vez la Santa Eucaristía, antes de partir de este mundo, mis sacrificios y pequeñas humillaciones, así como la paciencia practicada, estarían ampliamente compensadas, pues la misma es de valor infinito”. Hoy puedo decirte con el corazón lleno de júbilo, que Dios ha sido generoso por tu entrega y no dudo que ha visto con agrado tu preciada ofrenda, así tus desvelos y llantos han dado fruto abundante, la Congregación de los Franciscanos de Cristo Obrero como bien sabes, cuenta con dos postulantes, un novicio, un fraile de votos temporales y nueve frailes de votos perpetuos, de los cuales cinco son sacerdotes, la Congregación también preparó a dos sacerdotes que hoy sirven como diocesanos pero que están llamados a llevar por siempre marcada en su historia vocacional la vida de Cristo Obrero, la Congregación preparó un sacerdote que hoy desde el cielo nos mira, la Congregación sigue perpetuando la mística de Fray Casiano en el Hogar AMA mirando el rostro de Jesús en los niños más necesitados, la Congregación sigue dibujando sonrisas entre los más pobres e indígenas en la obra social de la Posada Emaús ubicada en San Vito, el Convento de La Pintada nos sigue haciendo respirar a San Francisco y en la casa San Damián tú nos sigues dando testimonio de que vale la pena desgastar la vida por Él. ¡Gracias fraile y Padre Chemita! Paz y bien.

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