Seminaristas de San Isidro realizan retiro espiritual

Al ser las 3:30 pm del día viernes 27 de abril de 2018, los 13 seminaristas de la diócesis de San Isidro en la sede del Seminario Nacional ubicado en Paso Ancho, iniciaron el retiro espiritual que se extendió hasta el mediodía del día siguiente, dicho retiro fue predicado por el Pbro. Edgar Orozco Alfaro, vicario general de la diócesis de San Isidro.

El tema tratado fue amar a nuestra diócesis, el cual tenía por finalidad incorporar al amor y sentido de pertenencia; al respecto, el padre Edgar compartió en confianza parte de su historia de vida y testimonio vocacional en las dos meditaciones propuestas. “El conocer su testimonio ya dejaba de entre dicho que el amor no es una palabra que se explique, sino que se vive; el abandonar la tierra, padre, madre, hermanos y todas sus comodidades para servir en un nuevo lugar, lleno de retos y dificultades, pero confiando en la misericordia de Dios, nos debe hacer comprender la grandeza de este amor mutuo, un amor que primeramente procede de Aquel que nos amó primero, un amor que hace entregar la vida por las ovejas, un amor que la diócesis corresponde y que se alimenta diariamente”, precisó el seminarista Greivin de la Parroquia de Río Claro.

Encomendando cada una de las historias vocacionales de los seminaristas, en una vivida Hora Santa dirigida por el mismo padre, se logró plasmar ese amor que Jesús tiene hacia cada seminarista en el contexto propio de su llamada a seguirlo.  María la modelo del “sí” también fue referente en este retiro espiritual, orando con el santo rosario se le entregó las peticiones para que las llevara a manos de Jesús. De igual manera, el sábado por la mañana, la Eucaristía fue encomendada a la Virgen María Estirpe de Israel, en la homilía el padre recordó esa importancia de “querer salir de nuestras comodidades para poder entregarnos por entero a la llamada que nos hace y que nuestros nombres también estén escritos en el libro de sus elegidos”.

“La experiencia del retiro diocesano siempre enriquece el caminar del grupo y más aún cuando el testimonio de alguien que ama y es amado por la diócesis nos hace a nosotros también experimentar la profundidad de ese amor que se nos ofrece y el que damos de igual manera libremente por esa maravillosa porción de la grey del Señor llamada san Isidro”, precisó Greivin.

Por su parte, Andrés Monge seminarista también de último año de formación, dijo que “la experiencia de contar con un sacerdote de la diócesis siempre es grata y el poder encontrar apertura en él, genera un clima de diocesaneidad muy favorable. El escuchar su testimonio vocacional hace que uno se sienta muy motivado a responder al Señor y también ayuda a que uno refresque su propia historia de llamado de amor de Dios”.

Finalmente, Justin Díaz seminarista de los primeros años de formación, indicó que “este retiro que hemos vivido, la verdad es que me ha gustado bastante, nunca me había dado el chance de pensar que debo amar a mi diócesis, porque quiero ser sacerdote para el mundo; pero este retiro me ha enseñado a sacar una parte de mi corazón y dedicarla a mi diócesis de san Isidro, puesto que ahí es donde he conocido a Cristo y me atrevo a decir que también es el lugar donde Dios quiere que evangelice”.

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