Misioneras de la Misericordia promueven encuentro orante con la Palabra

La Diócesis de San Isidro, tras contar con el Santuario Diocesano dedicado a Jesús de la Divina Misericordia, ubicado en Morazán de Pérez Zeledón; ahora, cuenta también con la presencia de las Misioneras de la Misericordia, quienes desde el pasado 27 de junio arribaron a nuestra diócesis con la intensión de “testimoniar la experiencia del Amor Misericordioso del Padre, compartiendo nuestra manera de vivir, el encuentro orante con la Palabra de Dios, que revela nuestra identidad filial, fraterna y misericordiosa a través de la oración, la Palabra y la acción”, precisó Adriana Venegas Venegas, coordinadora de la Casa para Costa Rica.

Con la presencia de las misioneras, Mariam Pérez Pimentel de Panamá, Daniela Mena Abarca de Pérez Zeledón y Adriana Venegas Venegas de San José, en comunión con las orientaciones del Plan Diocesano de Evangelización y  bajo la guía de la rectoría del Santuario, se pretende “enseñar a orar con la Palabra de Dios, a través del método: un camino diario de oración personal”, señala oficialmente el contrato firmado entre la Diócesis de San Isidro y la Asociación Privada de Fieles ‘Casa de la Misericordia’.

Para Adriana Venegas, “la misión que realizamos es compartir la Palabra de Dios, orando y escudriñando la Sagrada Escritura a través de la Lectio Divina, ofreciendo acompañamiento espiritual, escucha y visitas puerta a puerta, visitando las cárceles, las familias, los albergues, y acompañando por medio de talleres a los grupos pastorales, entre otros”, precisó la misionera.

Una de las tareas que implicará este servicio misionero, será el visitar las parroquias de la Diócesis, durante estos 3 años que contempla el contrato firmado el pasado 17 de mayo; razón por la cual, las misioneras ya estuvieron compartiendo la fe en Agua Buena de Coto Brus.

Al respecto, en entrevista a Radio Sinaí 103.9 FM, Venegas Venegas comentó: “estuvimos siete días, el objetivo era trabajar la comunión fraterna en la comunidad; por ser un pueblo conflictivo, la experiencia vivida fue sorprendente, mucho aprendizaje para todos, incluyéndonos; realizamos momentos de oración con el Santísimo, todos los días rezábamos el rosario, hacíamos la Hora de la Misericordia, y visitábamos las casas con la Lectio Divina y espacios de escucha”.

Por eso, “nuestra casa es de puertas abiertas; invitamos a que nos den la oportunidad, que nos conozcan y puedan como bautizados renovar la experiencia del encuentro con el Padre, encarnando la Palabra que es viva y actual, permitiéndole fecundar cada vez más para ser Evangelios vivientes”, comentó Adriana como mensaje final; al tiempo que aprovechó para invitar a las jóvenes de 18 años en adelante, a que vivan la experiencia misionera de forma comprometida.

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